Pepe

Y claro está que yo, como usted me exige, le diré a su esposo, dándole cuantas pruebas estime justas, que es usted víctima de una calumnia incalificable.

Eduarda

¡Más que incalificable, artera!

Pepe

Fementida. Pero le añadiré que él sin sospecharlo, también es víctima de una villanía inmunda.

Eduarda

¡De una trama diabólica!

Pepe

Es preciso que le digamos que no soy yo, ¡pobre de mí! que he llegado hace cuarenta y ocho horas a este pueblo, el que le hace a usted el amor, no; que el que le hace a usted el amor, hace más de seis años, el que la viene a usted asediando con cartas y la atropella y la pellizca bárbara y villanamente, por rincones y pasillos, que no soy yo, que no soy yo... ¡que es el señor Alcalde! ¡El señor Alcalde! ¿No es esto verdad, señora?