Tan verdad como el Evangelio. Lo juro por la sagrada memoria de mi padre. (Se oyen en la habitación primera derecha, estacazos, ayes, golpes, gritos de socorro.) ¿Pero qué sucede ahí dentro?
Pepe
Parece que están jugando a carambolas. (Más golpes.)
Eduarda
¡Jesús!
Pepe
¡Pues es a palos!
(Salen lívidos, descompuestos, con los pelos en desorden, don Acisclo y Cazorla, huyendo de don Régulo, que los persigue frenético y al que no queda ya del bastón más que una viruta.)
D. Acisclo
¡Socorro!