¡Oh, qué cándida ingenuidad!
Cristina
Él, entonces, me contó toda su vida. Y yo no sé, vamos, porque a los hombres no los puede una creer... pero qué sé yo, se me figuró que aquel me hablaba con un sentir honrao y verdadero. Me dijo que era pobre, muy pobre.
Eduarda
¡Pobre!... ¡Qué poemático!
Cristina
Que no tenía padres.
Eduarda
¡Huérfano!... ¡Qué elegíaco!
Cristina