Sereno (Dentro y desde lejos.)—¡Vaaa!

Prudencio.—¡Ay, en cuanto nos vea! ¡Pero ella fuera e casa! ¿A qué habrá salido? (Carpanta se separa y se va a un rincón. El padre y los dos hijos se quedan formando un grupo a la puerta de su casa.)

Feliciana (Sale foro.)—¡Abra, Pepe! (Deteniéndose al fijarse en el grupo.) ¿Quién está a la puerta e casa?

Sereno.—No sé... (Acercándose.) ¿Quién?

Antoñita.—¡Madre! (Los dos con voz lastimera.)

Casildo.—¡Madre!

Feliciana (Corriendo y abrazando a Antonia.)—¡Mis hijos! ¡Hijos míos! ¡Hija de mis entrañas! ¡Corazón! ¡Alma mía! (Abraza y besa a su hija, y al ir a abrazar a su hijo, éste da un grito de terror. Pausa larga.) ¿Has toreao, eh? (Con amargura.)

Antoñita.—¡Un ratito!

Casildo.—¡Palhas, madre!

Feliciana.—¡Pobrecitos míos! (A Prudencio que permanece callado.) ¿Y tú alucinao, pobre loco, lo ves? (Teniendo abrazados a sus hijos.) ¿Lo estás viendo? ¿Has visto las estrellas?