Rafael.—¡Válgame Dios! (A Damiana.) Pero, ¿no ves la nena llorando?

Damiana.—Déjala. El disgusto de antes... los nervios... que ella es así. Está como el día. (Vase por donde salió.)

Rafael (Conduciendo abrazada a su hija y haciendo mutis tras Damiana.)—¡Ay qué hija ésta! ¡Lagrimitas de los veinte años, lluvia de primavera; paece que se desgaja el cielo y luego na! (Vanse.)

Cantando.

Voz mujer (Dentro.)

Empezó el día con sol

y acaba el día lloviendo.

Alegre estaba mi alma

y estoy llorando de celos.

(Entre risas y algazara, salen Invitados e Invitadas. Ellos se doblan los pantalones, se suben el cuello de la americana; ellas se ponen abrigos y mantones, recogen cestas y guitarras, y al fin se cobijan bajo los paraguas, que abren los hombres. Empieza a llover.)