Bernabé.—Gordito por la figura y Carancha por el aire.
Paco.—Hombre, padre, por el aire no quisiera yo parecerme a nadie.
Bernabé.—No me refiero al amosférico. En fin, que sus diga Hilario la tarde que le vió torear en Morata de Tajuña, ¿te acuerdas?
Hilario.—Y eso que aquella tarde no te acompañó la fortuna.
Paco.—¡La Guardia civil!
Hilario.—En fin, lo que tú eres lo verá el domingo la afición. Conque ahora a lo que estamos.
Bernabé (Adoptando un tono solemne.)—Pues a lo que estamos, Hilario, es que vengo con toda solemnidá a solicitar de ti pa esa memez taurina la mano de ese manojito de claveles que Dios te ha dao por vástaga.
Hilario.—Pues yo, al llegar este momento, que me emociona como na en el mundo te digo que te doy la mano de mi hija y mi corazón y un abrazo.
Paco.—Gracias, padrino.
Bernabé.—¡Bendita sea tu alma buena! (Se abrazan.)