Fig. 152.—Escultura mejicana (Honduras-Santa Rita).
Contaban como la generalidad de los primitivos, por los dedos de las manos y los pies, que fueron sustituyendo en las agrupaciones más adelantadas por piedrecillas, granos, conchas, etc.[238]. Los "quipus" Peruanos, perfeccionando estos sistemas de contabilidad, recordaban por el número de sus nudos, el de los linajes ó gentes que debían tributar en el Imperio.
Ciertos números eran sagrados, en casi todas las tribus. El cuatro, sin duda por su relación con los puntos cardinales, se consideró comúnmente como ceremonial y simbólico. Los Aztecas, por ejemplo, dividían sus poblaciones en cuatro cuarteles ó fratrias militares; el título oficial del Inca, era el de "Señor de las cuatro partes de la tierra" (Anti, Cunti, Chincha y Colla). Algunas tribus de la costa del Pacífico (N. A.) consideraban como sagrado el número cinco; otras (Zuñis, Mayas, etc.), tenían por tal el número trece[239].
Fig. 153.—Alfarerías Peruanas (Valle Chimcana).
Solo el hombre civilizado puede apreciar el valor del tiempo; en la vida salvaje es casi siempre indiferente su división y su transcurso.
Con excepción de los calendarios Aztecas y Mayas, que más adelante estudiaremos, la sucesión de los días y las noches, los cambios de la luna, y los de las estaciones, fueron las naturales bases de los sistemas Americanos de computar y medir el tiempo. Los años, se contaban en general por sus inviernos, los días se dividían en cuatro períodos (amanecer, mediodía, atardecer y media noche) marcados, á veces los tres primeros con la sombra proyectada por postes ó pilares especiales colocados á la puerta de las cabañas.
Los meses empezaban con la luna nueva. Entre los Zuñis, los seis primeros del año, llamado "pasaje de tiempo" tenían nombres apropiados, y los seis últimos eran "meses sin nombre" designándose ritualísticamente con los colores representativos de los dioses del Zenith, el Nadir, el Norte, el Sur, el Este y el Oeste[240].
Fig. 154.—Escultura en las minas de Copau.