La suerte política misma de los pueblos de superior cultura, depende á veces de la fisiografía de su territorio. La Historia General del Continente Americano, debe, pues, basarse en el conocimiento exacto de los variados rasgos fisiográficos de las regiones del Norte y Sur de América. La mayor ó menor cultura de sus primitivas agrupaciones indígenas, el desarrollo de los viajes, exploraciones y conquistas Europeas, la mayor ó menor prosperidad de los organismos Coloniales y la formación misma de las Naciones Independientes, dependen en gran parte de las condiciones del medio. Los caminos, las sendas, los pasos entre montañas, los ríos y lagos, las producciones forestales y agrícolas, la fauna y la flora Americana, han influenciado decididamente su evolución histórica. El estudio de dichos rasgos fisiográficos nos da las más de las veces la clave y la causa de acontecimientos históricos á primera vista casuales ó inexplicables[8].
Metodología.
10.—De lo anteriormente expresado puede fácilmente deducirse los Métodos que deben adoptarse para el estudio de la Historia General de América. Entiéndese por método, el orden que se sigue en las diversas ciencias para hallar y enseñar la verdad. Dependiendo la verdad histórica de la evidencia humana, claro es que para hallarla deben observarse las reglas lógicas que depuran y acrisolan semejante evidencia. El historiador es una especie de Juez de Instrucción, que reúne pruebas documentales, etc., de los hechos que examina. Debe verificar, por tanto, el texto de sus documentos probatorios (Crítica de restitución), saber de dónde proceden, (Crítica de origen), clasificarlos, relacionarlos con otros, y con las autoridades, interpretarlos, y ejercer su sentido crítico para averiguar la sinceridad ó insinceridad de sus autores (Crítica interna). Realizadas estas operaciones analíticas, debe sintetizar sus resultados, agrupar los hechos, llenar las lagunas que dejaren, según su sano razonar crítico, y construir, por fin, su informe ó relación histórica, huyendo de toda parcialidad y filosófico prejuicio.
No es posible establecer reglas generales de interpretación. Depende del sentido crítico de los historiadores, de su erudición, de sus condiciones intelectuales, de su concentración ó de su esfuerzo. Con idénticos métodos pueden llegarse á interpretaciones distintas. El método y las fuentes son para todos iguales; la interpretación es personalísima. "El Criterio", de Balmes, y el "Tratado de las Pruebas", de Jeremías Bentham, son (á mi juicio) normas inapreciables de Metodología. Su atenta lectura basta para enseñarnos la técnica histórica, el modo de investigar y apreciar evidencias. No pueden enseñarnos, sin embargo, á hacer la historia, á componer con brillantez y hondura una monografía ó un libro. Reside tal facultad en el historiador mismo. Si es, por ejemplo, un Parkman, coleccionará primero todas las Relaciones de los Misioneros Jesuítas, elegirá las que al antiguo Canadá se refieren, entre éstas las de los misioneros más celosos, más observadores y que más tiempo estuvieron en aquellas tierras, y depurándolas, relacionándolas é interpretándolas con sinceridad y elevado espíritu, legará al mundo moderno ese modelo de autoridades históricas, esa epopeya de abnegaciones y heroísmos que se llama "Los Jesuítas en Norte América".
La Historia no está ya destinada á dormir, mientras los manuales de cuarta ó quinta mano y los maestros superficiales y dogmáticos cuentan hechos aprendidos de memoria á sus alumnos inatentos. Debe despertar y entrar á la vida. El pasado vive en el presente. Observando con atención lo actual y vivido, discerniremos más fácilmente las formas, ideas é instituciones de lo pretérito. Así como las Ciencias Naturales han salido de los estrechos límites del libro de texto para entrar al mundo de los fenómenos, de los Laboratorios y de los Museos, así la Historia debe independizarse de memorizaciones y viejas disciplinas escolares, entrar al mundo de la naturaleza humana, y abandonar las antiguas aulas por Seminarios especiales, dotados de mapas, colecciones de fuentes, autoridades, etc., etc., en los que cada estudiante, guiado por un Maestro que con él trabaje, interprete por sí mismo los materiales históricos y ejercite su espíritu crítico. Así y sólo así, podrá alcanzarse el ideal de la enseñanza histórica y podrá inculcarse en los alumnos el deseo de ver, sentir y verificar con su inteligencia y su trabajo, lo ético y luminoso de la VERDAD y el PATRIOTISMO[9].
ÉPOCA PRIMERA
AMÉRICA INDÍGENA