Fig. 284.—Calle del Triunfo. Murallas del Palacio de Inca (Cuzco).

Conocemos muy poco de cierto sobre su organización social. Parece que estuvieron gobernados por cinco jefes principales ó caciques, dos de los cuales, el Zipa, ó Bogotá, al Sur, y el Zaque ó Hunsa (Tunja) subyugaron á principios del siglo xvi á los caciques de los valles cercanos. No existía Confederación de tribus; antes bien, la enemiga entre el Hunsa y el Zipa era tradicional y constante. El Hunsa y el Bogotá eran jefes militares ó civiles con caracteres sacerdotales marcadísimos.

Su poderío no fué en absoluto despótico. Las materias graves ó de interés general se decidían por el Consejo de "principales y caciques". Los oficios del «zaque» y del «zipa» eran hereditarios y privativos de determinadas familias ó gentes. Predominaba el matriarcado exogámico, la poligamia y el matrimonio por precio. Embalsamaban los cadáveres de los jefes y sepultaban con ellos á sus mujeres, esclavos, armas y útiles en ceremonias mortuorias especiales y solemnes[426].

Cultivaban el maíz (abá), la patata, la coca, el tabaco, etc. Hacían rapé (Tabaco de Tunja) y bebidas fermentadas (chicha) y sabían resinar los árboles. La propiedad individual de las tierras era desconocida[427] y estimada la de los bienes muebles y subsistencias. Tenían mercados públicos (Aipé, Bacatá, Zipaquirá etc.) y ferias en épocas fijas. Obtenían oro y cobre de Moniquirá y otros lugares, y esmeraldas de las minas de Somondoso. Medían por palmos, contaban con los dedos de las manos y pies (sistema vigesimal) y usaban como intermediario de cambios una especie de moneda de "tejuelillos de oro de media pulgada de diámetro"[428]. Sus usos penales eran sanguinarios. Casi todos los delitos se castigaban con la muerte. A la mujer adúltera, al ladrón y al sodomita se les empalaba en forma horrible.

En general, los Chibchas fueron tímidos, poltrones y cobardes; pero como el valor militar era camino de honores, y los ataques de los Panches amenazaban constantemente los dominios del «Zipa», tenía éste en sus fronteras guarniciones de indios aguerridos (guechas, varón que mata), que elegía entre los guerreros tribales y colmaba de favores, según sus hazañas. Usaban estos guerreros flechas, picas, macanas y tiraderas ó estólicas, y sus jefes se adornaban con penachos, arracadas y patenas de plumas, oro y esmeraldas.

Vivían los Chibchas en el siglo xvi en casas de madera cubiertas de paja y defendidas con empalizadas y cercos. En los del «zaque» y «sugamuxi», etc., colgaban láminas áureas. La piedra parece que empezaba á emplearse en las construcciones, como lo demuestran las ruinas del Valle del Infiernito (Oeste de Leiva) y el notable obelisco de la Serranía de Pacho[429].

Fig. 285.—Tapicería encontrada en una tumba de Aucon.

Eran hábiles tejedores, vestían casi todos con mantas de algodón finas y cubrían sus cabezas con gorros ó sombreros de alta copa, según sus oficios y dignidades. Sabían alear y laminar los metales. Sus orfebrerías y cerámicas tenían en cada tribu carácter especial y factura distinta. Las de Chiriqui y las Quimbayas fueron acaso las más perfectas. Desconocieron la escritura jeroglífica, y sus pictografías y petroglifos (Gameza, Pando, etc.), son escasos, groseros é indescifrables[430]. Eran animistas y manistas. Adoraban al Sol, al Arco Iris, etc., y propiciaban en especial á los arroyos, ríos y lagos. Sus numerosos sacerdotes (jeques) no se diferenciaban en sus funciones y supuestas facultades de los «shamanes» y hechiceros del resto del Continente. El famoso cacique «Sugamuxi», sucesor del maligno y legendario hechicero «Indacansás»[431], es el prototipo de tales nigromantes. Los sacrificios humanos eran ceremoniosos y frecuentes. Los «mojas ó sacerdotes niños» se recluían cuidadosamente en los templos para sacrificarlos al llegar á la pubertad. El célebre «cacique dorado» de las antiguas crónicas, fué probablemente uno de estos «mojas», que, desnudo y espolvoreado de oro, se sacrificaba á los espíritus de la laguna[432].

La mitología Chibcha era rica é interesantísima. Sus principales leyendas giraban alrededor del semidios Bochica[433], célibe, virtuoso y austero, cuyas mesiánicas y civilizadoras predicaciones fueron contrarrestadas por las deletéreas de la mítica hechicera Huitaca, instigadora del sensualismo, la embriaguez y otros abyectos vicios que enervaron las agrupaciones Chibchas y facilitaron á los soldados españoles la conquista de aquellas extrañas gentilidades[434].