Fig. 51. Canoa Norte Americana.

Tales hechos, á todas luces improbables, podrían ser, por ejemplo, la presencia en alguna región Americana, de lenguas clara y etimológicamente reducibles á otras del Continente Europeo ó Asiático[128], de edificios antiguos indiscutiblemente levantados de acuerdo con prototipos Egipcios, Asirios[129], etc., de inscripciones ó pictografías en las que existan caracteres cuyo origen extranjero no pueda negarse[130], ó de esculturas de buques indudablemente construídos como los triremes griegos, las galeras fenicias, ó los veleros chinescos[131].

Fig. 52.—Indio Crec. (Bahía de Hudson).

Nada de esto se ha demostrado hasta el presente, y las innumerables hipótesis de los que hacen á los Americanos descendientes directos de los Fenicios, Griegos, Cartagineses, etc., son tan caprichosas y quiméricas, como las que los suponen herederos de los habitantes fabulosos de la ensoñada Atlantida, ó las de los poligenistas que zanjan toda dificultad declarándolos autóctonos[132]. Todas estas fantasías son agenas á la historia, y sería ocioso refutarlas.

Fig. 53.—Guerrero Zuñi (Pueblos).

Hasta hoy, no se conoce testimonio alguno en bronce, piedra ó material durable que enlace ambos Océanos, anillo alguno tangible que una las culturas históricas de ambos Continentes, eslabón ó arqueológica coincidencia que no pueda explicarse por las analogías culturales de los hombres de las edades líticas[133], ó por la unidad de los motivos en las actividades productoras del humano linaje[134].

Fig. 54.—Modelo de "Umiak" Esquimal con su vela textil (Estrecho de Behring).