Las Fuentes.

4.—Los materiales originales que sirven á los historiadores para construir sus relaciones, se llaman fuentes. Corresponden á los fósiles en geología, á los casos en los estudios legales, á las palabras en filología, etc., etc. Son restos del pasado, de donde se deriva el conocimiento del mismo. Consisten en la masa de tradiciones, manuscritos, impresos, monumentos, restos, útiles, instituciones, literaturas, etc., en las que una generación, pueblo ó raza se exterioriza tangible y visiblemente. Todo lo que nuestros antepasados nos legaron, sus instituciones, sus creencias, sus leyes, su lengua, sus edificios, sus industrias, etcétera, son fuentes de su historia, que no pueden confundirse con la historia misma que con ellos formaron sus cronistas, omitiendo á veces ó exagerando, lo que creían dañoso ó conveniente para mantener su punto de vista religioso, social ó político. La Historia encuentra en las fuentes, materiales de toda especie siempre utilizables. El contenido y la dirección de la historia, cambian con las generaciones; las fuentes permanecen y perduran. Tienen vividez, sello propio y particular encanto. Son las progenitoras de la historia. Ellas deben resolver toda controversia, y en ellas deben fundarse todas las crónicas.

Archivos y Museos.

5.—Así como para estudiar la Botánica, la Zoología, etc., debe acudirse á los Museos de Ciencias Naturales, donde se han reunido ejemplares diversos para estudiar la civilización de las sociedades humanas, es convenientísimo visitar los Museos Etnológicos, Arqueológicos, Históricos, etc., en los que se guardan cuidadosamente clasificados los restos, reliquias, útiles, herramientas, orfebrerías, ornamentos, etc., que juntamente con los monumentos arquitectónicos (edificios, caminos, acueductos, templos, ruinas, etc.), nos dan á veces clarísima idea del vivir cultural de pasados pueblos. Los repositorios más ricos en Antigüedades Americanas son, entre otros, el Peabody Museum, de Cambridge, Mass. (E. U.), las colecciones de la Smithsonian Institution, y de la Oficina de Etnología de Washington (E. U.), el Museo Nacional de Washington, las colecciones Etnológicas del Museo Británico, del Königliche Museum, de Berlín, y del Museo Etnográfico, de San Petersburgo; el Museo Arqueológico, de Madrid; el Museo Nacional, de México; el Museo de la Plata, el Museo Nacional, de Buenos Aires; el de Río Janeiro, Santiago de Chile, etc., etc. Casi todos estos Museos han publicado, y siguen publicando en sus anales, revistas y catálogos, reproducciones artísticas y fieles de sus tesoros Arqueológicos[4].

Las fuentes manuscritas, y en especial las de carácter oficial, se guardan cuidadosamente en sus Archivos por todas las naciones cultas. Estando la Historia Americana íntimamente relacionada con la Europea, apenas hay Archivo importante en Europa que no contenga fuentes manuscritas interesantes para el Historiador de América.

Claro es que los Archivos Españoles, Portugueses, Ingleses y Franceses, son los más ricos de Europa en documentación Americana. Toda la Historia Colonial de las actuales Repúblicas Hispano-Americanas, por ejemplo, puede y debe estudiarse en los Archivos Españoles.

En las Referencias de este Compendio se mencionan especialmente los Archivos que contienen las principales fuentes manuscritas de cada una de sus materias y capítulos[5].

Colecciones de documentos.

6.—Para que las fuentes manuscritas de la Historia se conozcan sin necesidad de visitar los distintos Archivos, y para hacerlas además fácilmente inteligibles para los profanos en las disciplinas paleográficas, deben coleccionarse y publicarse.

Desde el principio del siglo xviii, todas las naciones Europeas han procurado coleccionar, y han coleccionado y publicado casi todas las fuentes de su historia. Como gran parte de estas colecciones son sólo accesibles en las grandes Bibliotecas, para mayor facilidad del estudioso se han empezado también á publicar en estos últimos años en muchas naciones de Europa y en algunas de las Americanas, colecciones populares de fuentes, clasificadas según su importancia y sus épocas. La utilidad de estos elementales instrumentos de investigación histórica es grandísima, tanto por la facilidad de su adquisición como por la sencillez de su manejo.