—¡Tonta! No quiero decir eso, y bien lo sabes... Quiero decir que para enamorar a los hombres no es conveniente ser buena y franca. Hay que ser coqueta y mentirosa.
—Según con qué hombres...
—¡Con todos! ¡Todos son iguales!
—Pues no te aconsejo que ensayes el sistema...
—¿Con ese Mariano Vázquez?...
—Con ése.
—¿Y por qué no con ése?...
—Por lo que yo me sé...
Y Laura dijo lo que se sabía, habiéndolo oído contar en casa de su tía Viviana. Don Mariano Vázquez tuvo en sus mocedades una novia, a quien idolatraba... Pero ella, la muy picara, rompió un buen día el compromiso para casarse con su primo, un calavera «de siete suelas»... Don Mariano debía ser pues un hombre melancólico y escarmentado...
—Sea como sea—afirmó esa locuela de Coca—es un hombre, y hay que emplear con él los recursos que sirven para con todos...