—El tercero a la izquierda de Ignacio... Ese que tiene la mano puesta en la cintura.
El «que tenía la mano puesta en la cintura» era uno de tantos, sin señas particulares, de bigote y de uniforme como los demás...
—Está bastante parecido—observó Laura, dando un pellizco en el brazo a su traviesa hermanita.
—Regular...—contestó ésta.—Es más buen mozo.
Con más sorna que ironía, intervino Vázquez:
—Pues en el retrato parece un negro...
—¡Un negro! ¡un negro!—exclamó Coca indignada.—¡Si es más blanco que usted!...
—Es que la fotografía es bastante mala—observó Adolfo, con su acostumbrada buena fe.
Los originales son sin duda mejores que el retrato—agregó Vázquez.—¿No es verdad, Rosa?
Sólo después de un rato, Coca se dio por entendida: