—Señor vizconde—le replicó,—en Francia ya no hay reyes. Hay una república gobernada por un presidente...
—¡Una república!... Esas son cosas de Venecia y locuras de la nobleza de Polonia... ¡República en Francia!... ¿Negarás, «cochon du diable», que en Francia reina el muy grande y generoso rey «François I»?—Y sacando su espada como de costumbre cuando se enfadaba, lo que ocurría muchas veces en medio de sus bromas, agregó con ademán harto amenazador:—¡Contesta, villano de España, si no quieres que manche mi acero en cortar tu lengua de perro!
Temblando de miedo ante furia semejante, el viejo servidor tuvo que tartamudear:
—Es cierto, señor vizconde, es cierto... En Francia hay un rey...
—Hay un grande y magnánimo rey, «François I».
—Hay... un grande... y magnánimo... rey... «François I»...
—¡A quien Dios guarde muchos años!
—A quien Dios guarde muchos años...
La infantil docilidad del criado pareció encantar a su verdugo, que le palmoteó la espalda con mano de plomo, exclamando:
—Eres un buen garzón, villano. Vete corriendo a buscar dos botellas del mejor vino de Borgoña que encuentres, y trae dos vasos. Quiero que tú también bebas por las glorias del rey de Francia.