—¡Nada de eso!... ¡Al contrario!... Pero es el caso de que eres muy conocido y se ha hablado mucho de ti en el Tandil...
Estupefacto, Pérez exclamó:
—¡En el Tandil se ha hablado de mí!...
—¡Pero si yo jamás he estado en el Tandil, ni conozco aquí a nadie, ni nadie me conoce!... ¿Y qué ha podido decirse contra mi modesta persona?... ¿Qué dicen en tu casa?...
—¿Qué dicen en mi casa?... ¡Yo mismo no lo sé!... No he podido entender claramente lo que pensaban mis hermanos, hablando todos al mismo tiempo... Parece que creen que tú eres un mito...
—Terriblemente indignado, exclamó Pérez, después de un breve juramento de cuartel:
—¡Yo un mito!... ¡Un mito yo!... ¿Y quién se atreve a decirlo, quién?...
Procurando explicarse y calmar a su amigo, intervino Ignacio:
—¡Vamos!... Quiero decir que en casa creían que tú eras un personaje imaginario, una pura invención, una mentira, un fantasma...
—¡Yo un personaje imaginario... una pura invención... una mentira... un fantasma!... ¿Están locos en tu casa?... ¿Y por quién me tomaban?...