Tendrás eternamente razón, oh glorioso Thespis. El honor de la invención te pertenecerá siempre. Yo, hijo de tierras que no has conocido y de una civilización que no pudiste sospechar, lo reconozco; y te rindo homenaje, poniendo tu nombre al frente de este libro...

Pues este libro es un manojo de cuentos y fantasías, escrito en los más varios estados de ánimo. Presenta, puedo decirlo, distintos personajes y diversos estilos. Por mi rostro han pasado también las máscaras de lino, ya trágicas, ya cómicas... ¿No es acaso todo escritor—poeta, dramaturgo o novelista,—la sucesiva encarnación de sus personajes? Él siente, actúa y habla por ellos, ellos por él. Un autor es un actor en silencio... Su «sinceridad» no es más que su aptitud de sugestionarse con las máscaras que se suceden sobre su rostro.

¡Sedme pues propicios, oh manes de Thespis, padre común de todos los poetas, dramaturgos y novelistas!... Al poner mi libro bajo tu nombre, pido al buen árbol buena sombra.

Buenos Aires, Diciembre de 1906.


PRIMERA PARTE

MÁSCARAS TRÁGICAS

EL ÚLTIMO GRANDE DE ESPAÑA

I

Pablo Gastón Enrique Francisco Sancho Ignacio Fernando María, duque de Sandoval y de Araya, conde-duque de Alcañices, marqués de la Torre de Villafranca, de Palomares del Río, de Santa Casilda y de Algeciras, conde de Azcárate, de Targes, de Santibáñez y de Lope-Cano, vizconde de Valdolado y de Almeira, barón de Camargo, de Miraflores y de Sotalto, tres veces grande de España, caballero de las órdenes de Alcántara y de Calatrava, señor de otros títulos y honores, era, ¡cosa extraña en persona de tan ilustre abolengo y alta jerarquía! un joven modesto, sensato y virtuoso.