—¿Tienes honor, Ramón?
Ramón contestó, no muy seguro:
—Creo que sí, niña...
—¿Puedes darme tu palabra de honor?
—Sí, niña, si usted lo manda...
—¡Dame tu palabra de honor de que no dirás nada a nadie de lo que voy a decirte!
—Le doy mi palabra de honor, sí...
—Pues escucha...
Y Lita contó a su modesto amigo todo lo que había pasado desde la noche anterior: la aparición del hada madrina, su oferta y promesa, cómo había puesto ella manos a la obra...
—Ahora tienes que decirme—terminó,—¿cuántos días faltan para los treinta días?