Virgilio[32], en su Eneida, se detiene también en esa idea y salva con el pensamiento, los movedizos espacios del Océano, para ir á sentarse en una tierra lejana y venturosa.

Pero no eran tan sólo los filósofos y sabios de la antigüedad los que tenían presentimiento de la existencia de uno ó de varios países en medio del Océano Atlántico, sino que también algunos navegantes intrépidos, de aquella época lejana, trataron de descubrir aquellos países, pues según nos refiere Hornius, "los Fenicios, 1000 años antes de la era de Cristo, traspasaron las Columnas de Hércules y con audacia sin ejemplo, hasta entonces, emprendieron tres viajes dilatados, siendo indudable que descubrieron la Insula Fortunata ó Archipiélago de las Canarias, ó, quizá, algún otro país situado más al occidente del Atlántico, (ó sea la América). Estos tres viajes los efectuaron los Fenicios,—dice Hornius,—el primero bajo las órdenes de Atlas, hijo de Neptuno; el segundo, cuando fueron lanzados por una violenta tempestad lejos de las costas de Africa; y el tercero, en tiempo de Salomón, cuando los Tirios, descendientes de los Fenicios, fueron á buscar el oro de Ophir y Tarsdchisch.

A los Fenicios siguieron más tarde (año 500 antes de J. C., según unos, y 600, según otros) los Cartagineses, que emprendieron desde Cartago una gran expedición á órdenes del almirante Hannón, compuesta de sesenta naves de á cincuenta remos cada una y con más de 30,000 personas de ambos sexos, cuya expedición, con el objeto de descubrir nuevos países y poblarlos con colonias cartaginesas, navegó más allá del Senegal y costas de Guinea hasta el Cabo Bojador, en la Africa Occidental, que fué entonces el punto extremo de la Tierra conocido. Hannón dejó una relación escrita en lengua Púnica del itinerario de su viaje[33].

Más tarde, 340 años antes de J. C., Pythias, astrónomo, geógrafo y navegante galo, emprendió también una expedición marítima, desde el puerto de Marsilia (Marsella), en cuya navegación por los mares del Norte, fué llevado hasta una isla que se cree sea la antigua y misteriosa Thule ó actual Islandia.

En igual época, Euthimenes navegaba á lo largo de la costa oeste de Africa hasta el Senegal.

Más tarde aún (62 años antes de J. C.) ha sido arrojado sobre las costas de Alemania, entre los ríos Weser y Elba, un bote tripulado por hombres pertenecientes á una raza hasta entonces desconocida en Europa, los que fueron recogidos por un jefe germano, que los obsequió después al Cónsul galo, Cancilio Metelo Celer, acontecimiento del que hacen referencia los historiadores Pomponio Melo, en el tomo III, págs 5 á 8 de su De Chorographia, y Cayo Plinio, en el tomo II, pág 67 de su Historia Natural.

Quizá este extraordinario acontecimiento inspirase á Séneca[34], las palabras que pone en boca del coro que figura en su bella tragedia Medea; ó si no, fundándose este filósofo en la noticia que de las islas del mar Atlántico dió Platón por tradición; ó bien en la especulación de sus predecesores, los filósofos antiguos, sobre la figura del Globo terráqueo; ha vaticinado con espíritu profético la existencia de un rico Continente; ó, por mejor decir, el convencimiento que este sabio tenía de los secretos de la Naturaleza y de la Historia, le hicieron prever que no era imposible que, al fin, se descubriera un país que se suponía ya conocido de los Fenicios y Cartagineses, pues en su referida tragedia Medea, al fin del acto segundo, el coro exclama:

Venient annis