[86] El primer mapa de América fué hecho en 1500 por Juan de la Cosa, célebre cosmógrafo y navegante español y piloto con Cristóbal Colón en su segundo viaje. Este mapa está trazado en una gran hoja de pergamino de forma ovalada y artísticamente iluminado, cuyas dimensiones son de dos metros de alto por uno de ancho: señala los países de América conocidos hasta 1500, así, como los territorios de Europa, Asia y Africa. Ultimatamente, se ha hecho en España un facsímil de este mapa, en la misma escala y colores que su original, reproducción que fué premiada en la Exposición Histórica-Europea-Americana, de Madrid. Pero el mapa más antiguo que apareció con el nombre de América, es el de Martín Waldzeemüller (Hilacomylus), que se publicó en 1507, ó sea, siete años después del de Juan de la Cosa.

[87] El eminente zoólogo Agassíz es el que con mayor autoridad ha sostenido la teoría poligenista, admitiendo hasta ocho diversos centros de creación, en uno de los cuales hace aparecer al Hombre Americano.

[88] Esto es, según el Génesis; pero, según opinión de algunos sabios etnógrafos, la Creación del Mundo data de millones de años antes del Diluvio Universal.

[89] El Rev. Padre Fr. Pedro Simón, historiador, que apesar de su estado sacerdotal, es imparcial en esta materia, opina también que la América fué poblada antes del Diluvio Universal; al efecto, refiere un hecho que si fuere cierto, no dejaría duda alguna sobre tal teoría. Pero, como este hecho no deja de ser alguna patraña de las muchas que ciertos escritores han derramado sobre el Nuevo Mundo, y, en este caso, para probar que en el Perú hubo hombres antes del Diluvio, advertiremos que solo por mera curiosidad informativa vamos á trascribir el pasaje que al respecto se refiere el P. Pedro Simón:

En el tomo I, cap. X, pág. 21 de sus «Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales,» dice: "Lo que más alumbra á que nos inclinemos á este parecer de que fueron habitadas estas tierras antes del Diluvio, son las señales y rastros de que en ella se han hallado tan eficaces, que no dan lugar á que se imagine otra cosa; porque junto al Callao, que es el puerto de la ciudad de Lima, en el Perú, á los primeros principios que se descubrió aquel Reino, buscando en unas montañas, por unos rastros que se descubrieron, unas minas, trastornando tierra y metiéndose por el socabón debajo del cerro, se encontraron con un navío que tenía encima la gran máquina del cerro, y no convenía con su hechura y traza con los nuestros, por lo cual se juzgó que en el Diluvio había quedado encerrado debajo de aquella inmensidad de tierra que trajo allí la fuerza de las aguas." Y prosigue el Rev. P. Fr. Pedro Simón: "Otra cosa al modo de ésta se halló el año de mil y seiscientos y cuatro, cerca de la ciudad de México, en Nueva España, trasminando un cerro tan alto que tiene de subida más de una buena legua, y otro tanto de bajada, para por allí desaguar la laguna en que está fundada la ciudad, por no verse en los peligros que poco antes había tenido con crecidas é inundaciones. Yendo los gastadores prosiguiendo en su mina (que se hacía por la traza é ingenio de Enrique Martín, gran matemático y astrólogo, y por orden de don Luis de Velasco, Virey de aquella ciudad), cuando llegaron como á la mitad de ella, que casi venía á ser, estando perpendicular, correspondiente á la cumbre del cerro, hallaron un colmillo ó diente de elefante, enterrado en tierra blanda; el cual, con los muchos días que había estado allí el marfil, lo tenía comido por algunas partes y quebrado por dos; de manera que estuvo hecho tres pedazos, y juntos, de suerte que se echaba de ver haber sido todo uno y tener de largo seis cuartas. Este colmillo ó diente se sacó y mostró á todos, juzgando había quedado allí enterrado el animal que lo crió, cuando el Diluvio ahogó á los demás y á él; de la cual especie de elefantes debió de haber habido allí entonces, porque después, acá no se hallan, ni aún rastro de ellos en toda la Nueva España, ni en todas las Indias Occidentales."

Este último hecho referido por el Padre Pedro Simón, quizá tenga algún viso de verdad, y á este propósito, disiparemos la duda de haber existido en América el elefante en tiempos antediluvianos. En efecto, últimamente, en Agosto de 1912, el cuerpo de profesores de la Universidad del Cuzco hizo una excursión científica, y logró descubrir en Ayusbamba, provincia de Paruro, dos colmillos de elefante, fosilizados, de una vara de largo, como también cuatro costillas en estado de completa fosilización, y muchos otros huesos del mismo animal.

[90] La América se extiende desde los 56° 58′ Sud hasta los 70° de latitud Norte. Se divide en dos grandes penínsulas que se juntan hacia los 8° de latitud Norte por el Istmo de Panamá ó de Darién. Sus costas son bañadas por los dos más grandes mares: el Océano Atlántico, que la separa de Europa y de Africa, y el Océano Pacífico que la separa de Asia y Oceanía, haciendo de este Continente la parte más favorable del Globo para el comercio y para la navegación. La extensión de América, según los geógrafos, es de 15.000,000 de millas cuadradas, equivalente á 5.000,000 de leguas.

[91] Mariano E. de Rivero: Colección de Memorias Científicas, tomo I, pág. IV del «Prólogo.»

[92] Hay algunos diamantes históricos de mucho valor, que por su notabilidad merecen ser mencionados, pues las tradiciones que se refieren á ellos son fielmente guardadas.

El famoso é incomparable Diamante Rey, pesa 1730 carats; es del tamaño de un huevo de gallina, oblongo, proveniente de las minas del Brasil, pertenece á la Corona de Portugal: es estimado en la crecida cantidad de 23.000,000 de francos.