[125]. El día 17 de noviembre.—Hay que tener en cuenta que el precavido Colón no costeó la banda meridional de nuestra Isla como acostumbran á hacerlo hoy nuestros marinos, conocedores del derrotero que llevan. La pérdida de la Santa María en las costas de Haity, durante el primer viaje, era una enseñanza que obligaba al ilustre marino á ser más previsor aún en su segunda expedición, por llevar diez y siete velas, y tres de ellas de gran trasporte, que le hacían temer las escolleras y restingas, dirigiéndose, como dice Pedro Mártir de Anglería, por alta mar por temor á los escollos. Por lo tanto, lógico es suponer que la armada corrió el sur de Boriquén, lo más alejada posible de tierra, y al notar frente á la punta Parguera el oleaje más grueso, que le acusaba la peligrosa costa de los Morrillos de Cabo-rojo, se echara más fuera aún, recurvando después, y volviendo su rumbo al norte en busca del fuerte de Navidad, en la Española, constante aspiración del Almirante.

[126]. Este es un error.—Los boriqueños sabían navegar en canoas como los haitianos, con quienes mantenían tráfico; especialmente con los indios del Higüey. Con estas mutuas relaciones, fué que tuvo conocimiento Juan Ponce de León, de las fértiles tierras y condiciones auríferas de Boriquén. Dice Oviedo, que la madre de Guaybaná, el cacique principal boriquense, “era buena mujer, é como era de edad, tenía noticia de las cosas acaeçidas en la conquista é paçificación de la Isla Española, é como prudente continuamente deçía é aconsejaba á su hijo é á los indios que fuesen buenos amigos de los chripstianos, si no querían todos morir á sus manos.”

[127]. Esta nota de antropofagía en los boriquenses es errónea; pues no la confirmó después la conquista, como sucedió con los indios de las islas de Barlovento y costas de Tierra-firme. Oviedo dice: “Estos flecheros destas islas, que tiran con hierva, comen carne humana, excepto los de la isla de Boriquén.”

[128]. Ensenada de Mayagües. (Nav.) Esta nota la puso don Martín Fernandez de Navarrete, el año de 1825, como opinión propia, equivocándose como lo verificó respecto á Cuba y Santo Domingo. Don José Julián de Acosta, al anotar, en 1866, la nueva edición de la Historia de Puerto-Rico de Fray Iñigo Abbad, siguió á Navarrete, como él mismo lo confiesa, pág. 20. Lo mismo Vizcarrondo en sus Elementos de Historia y Geografía de Puerto-Rico (1863); y Janer en sus Elementos de cosmografía y geografía de Puerto-Rico.—(1890). Cabe la honra á Brau, en su obra, Puerto-Rico y su historia (1892), de haber vuelto por los fueros de la verdad oscurecida; y á la par, sostener la tradición oral, robustecer la opinión de Iñigo Abbad en su Historia de Puerto-Rico y de Stahl en Los indios borinqueños (1889), devolviendo á la villa de la Aguada la gloria que le pertenece, de haber sido el sitio electo por el Almirante para pisar la tierra de Boriquén, y tomar agua la escuadra.

[129]. Puerto-Rico. (Nav.)

[130]. El Viernes 22 de Noviembre tomo el Almirante la primera. tierra de la isla Española. (Nav.)

[131]. La Mona y Monito. (Nav.)—Juan de la Cosa en su carta náutica no traza estas islas, que indica Navarrete. Brau es de parecer que antes de dar anclaje, en una bordada del crucero, subiendo el canal, divisaron los viajeros la Mona. La isleta divisada no tenía importancia alguna, cuando el Maestre de hacer cartas no la signó en su mapa. Creemos se refiere Chanca á Ciçheo (hoy Desecheo), “distante 11 ó 12 millas de la punta de San Francisco, é isla de bastante altura”. (Antonio Cordero, piloto de la Armada.—1831). Ningún cronista habla de la isla Mona en este viaje; únicamente aparece en la nota de Navarrete en 1825, y en los historiadores, que han seguido al académico compilador.

[132]. Cabo Engaño.

[133]. Esta palabra ha inducido al padre Nazario (Ob. cit.) á creer que Colón desembarcó en la costa sur de la Española, lo cual es un gran error. Haytí no era provincia en los tiempos primitivos, como supone el párroco de Guayanilla. Haytí, que significa tierra alta ó montañosa, era el nombre primitivo de toda la isla; en la parte oriental la llamaban Quisqueya (madre de la tierra); y en la septentrional Bohío (lugar de señor). El doctor Chanca no tuvo tiempo hábil, entre su llegada á la Española y la redacción de su carta, para adquirir estas noticias geográficas, completamente dilucidadas en tiempos de Ovando, el comendador de Alcántara. Haytí estaba dividido antiguamente en cinco grandes cacicazgos, que los españoles les aplicaron el nombre de provincias; y correspondían esos cinco territorios llamados: Maguá, Marién, Maguana, Jaragua é Higüey ó Iguayagua, respectivamente á los caciques principales: Guarionex, Guacanagarí, Caonabó, Bohechio, y Cotubanamá. Sus límites son muy conocidos. (Geografía físico-histórica, antigua y moderna de la isla de Santo Domingo, por Javier A. Guridi (1871).) El 22 por la mañana salió el crucero de la bahía comprendida entre los cabos San Francisco y Boriquén de Puerto-Rico, y con ruta al noroeste, rumbo siempre preferido por Colón, en este su segundo viaje, avistó por la tarde cabo Engaño, tierra baja y muy llana, como dice Chanca y como asevera el ilustrado comodoro inglés Sir Robert H. Schomburk en su Tratado sobre puertos y anclaje de la isla de S. Domingo (1881).

[134]. Según Guridi, Ob. cit., tiene de superficie la isla 6,000 leguas cuadradas; y de circunferencia 400, aumentando más de 200 si se cuentan las cortaduras de las costas. Según A. Borius (Haití.—1886) corresponden á la actual República de Haity 23,911 kilómetros cuadrados.