[284]. Las islas Lucayas, de constitución madrepórica, son de más reciente creación que la isla de Cuba, constituida por rocas eruptivas antiguas.—En el Archipiélago antillano es digno de observación una banda de islas al norte, que empezando en San Bartolomé y San Martín continúa por las Vírgenes, Santa Cruz y Puerto-Rico hasta el nudo central de Santo Domingo donde se bifurca, yendo una de las ramas por el cabo Tiburón hasta Jamaica, y la otra pasando á Cuba por el cabo San Nicolás. Estas islas son todas constituidas por rocas eruptivas antiguas, acompañadas de depósitos sedimentarios de diversas edades, desde el terreno silicoso hasta los calcáreos conchíferos y madrepóricos de época reciente, que se continúan por los arrecifes más nuevos aún de las islas Lucayas. La banda del este tiene otro carácter: comprende una docena de pequeñas islas volcánicas, formando dos alineamientos, que vienen á cortarse en la Martinica bajo un ángulo muy obtuso, lo que da al conjunto el aspecto de una curva, cuya convexidad mira al Atlántico. Una segunda hilera de islas, colocadas con menos regularidad, casi exclusivamente compuestas del calcáreo moderno, y en el número de las cuales debe contarse la isla Trinidad, que marca la unión de las islas calcáreas al Continente sub-americano, y la Barbada, arrojada 60 millas de las otras, en pleno Atlántico, constituye una cadena exterior, que al primer golpe de vista parece no tener ninguna relación con la hilera anterior. Un examen atento demuestra, que estas dos cadenas se tocan, y que la isla de Guadalupe es el punto de encuentro. La Guadalupe es, en efecto, la única de estas islas, donde se encuentra una isla calcárea unida á una isla volcánica. Todas las que preceden de sur á norte, la Granada, San Vicente, Santa Lucía, Martinica, Domínica, son exclusivamente volcánicas, sin trazas importantes de depósitos calcáreos. Después de Guadalupe la cadena se desdobla y se continúa, de un lado por las islas volcánicas de San Cristóbal, Monserrat, Santa Cruz, con las Grandes Antillas, y del otro por las islas planas y calcáreas de Antigua, Nieves, etc., á las Lucayas y al continente de la Florida.—(Ch. Sainte-Claire de Deville. E. Rochefort).

[285]. Ponce de León le llamó La Florida, por haberle descubierto el domingo de Resurrección ó de Pascua Florida.

[286]. El antiguo nombre del Orinoco fué Paragua, que hoy lleva un afluente del Caroní, según Rojas. Cuando Ordaz cruzó el Orinoco en 1536, el río era conocido con el nombre de Uríaparia, llamándose así también uno de los caciques de la comarca. En la misma región conocieron el río con el nombre de Urinuco, y por corrupción, Worenoque, Orinoco.

[287]. Hemos dicho en una Nota anterior, que al negar el señor Armas la antropofagia en los Caribes había ido contra los Cronistas y la lógica de los hechos. La Mitología y la Historia nos la presentan en los pueblos primitivos. Saturno, Tántalo, Thyeste, y Lycaón son, en la fábula mitológica, antropófagos como los Lestrigones y los Ciclopes. Y la Historia nos dice, que fueron caníbales, los Scitas, Germanos, Celtas, Fenicios, Tártaros y Etíopes. La esclavitud, que hemos sostenido hasta ayer en nuestros ingenios con los pobres negros, era un canibalismo moral; pues bien, si nosotros hemos creído legal apropiarnos á nuestra satisfacción el beneficio del trabajo del esclavo, el salvaje, el caribe, creía ejercitar un derecho natural disponer de su prisionero, de su conquista, de su propiedad. A la vez, aguijoneado por el hambre en las islas pequeñas, sin rebaños ni animales, y escaso de vegetales, disponía como vencedor del fruto de su victoria, y no sólo celebraba su triunfo comiéndose, en ceremonia religiosa, algunos de sus prisioneros, sino que, como conocedor de la carestía de víveres en sus posesiones, guardaba los garzones para las épocas en que el hambre azotara sus comarcas. La vida del caribe, en la lucha por la existencia, se reducía á esta frase: matar ó ser matado; comer ó ser comido.—Los mexicanos habían reducido ya la antropofagia á festividad religiosa, era una atenuante del proceder caribe y un paso tardo á su desaparición, ya iniciada y acentuada en el Perú. Aquella infeliz víctima, tendida en el ara porfidiana y á la cual el cruento victimario, con silíceo cuchillo de obsidiana arrancaba el corazón, para llevarlo sangriento y humeante, á los labios del ídolo, esperando del terrible dios auspicios favorables, ¡cuánta similitud con el sacrificio de Ifigenia, la hija de Agamenón y de Clitemnesta, ante el altar de Diana en Aulide, para obtener del tremendo é irascible oráculo favorables auspicios en pro del jefe de los ejércitos griegos en la guerra de Troya! Sacrificio por sacrificio, entrambos obedecían á fanatismo religioso; pero eran, sin duda, el reflejo y la reminiscencia de tiempos antropofágios muy posteriores, y los últimos arranques instintivos de una época sanguinaria.

[288]. Dice Pedro Mártir de Anglería.—Primera década, libro I, cap. III:—“Aunque usan saetas de caña muy agudas, caben, sin embargo, que les aprovechan poco para reprimir la violencia y furor de los caribes, pues confiesan todos los indígenas, que en la lucha diez caribes vencerían fácilmente á ciento de ellos.”

[289]. D’Orbigny.—L’Homme américain. 1834.

[290]. A. Rojas.—Los jeroglíficos venezolanos. 1876.

[291]. El doctor Virchou en su Clasificación antropológica de los pueblos salvajes antiguos y modernos de América (1888) demuestra con el estudio de cráneos indios precolombianos, que hay grandes diferencias entre las muchas razas salvajes que poblaron el Nuevo Mundo, bien patentes en la configuración de sus cráneos; pero sin precisar su antigüedad, ni cuáles pudieran ser sus procedencias genealógicas.

[292]. Han dicho nuestros cronistas, y se repite como verídico, que los boriqueños llamaron á los caribes para defenderse de Juan Ponce de León.—Basta fijarse en la condición belicosa y feroz que tenían los caribes para no aceptar su presencia en el encuentro de la boca del río Yauco, ni en la derrota, al replegarse á Yagüeca, donde bastó un tiro de arcabuz aplicado á Guaybaná para terminar la campaña. Vendrían á auxiliar á los de Boriquén los naturales de la isla Mona, muy poblada para aquella época; pero es ilógico inmiscuir entre ellos á los caribes, tiradores de flechas emponzoñadas y diestros arqueros. Para el caribe la caída del jefe ó caudillo no era señal de rendición; peleaban sin contar sus enemigos y con una ferocidad leonina.—Esos caribes de Barlovento fueron el terror de los primeros pobladores de Puerto-Rico hasta el año de 1635, en que los franceses, protegidos por Richelieu, se dedicaron á la conquista de las Antillas menores. Se empezó por San Cristóbal y Guadalupe: se les hizo una guerra de exterminio, y á pesar de ello, fué preciso hacer, en 1660, un tratado de paz, por medio del cual los caribes reducidos á seis mil, se retiraron á Domínica y San Vicente.

[293]. El gua es guaraní y muysca y el hua es quechúa ó peruano. El hua quechúa tiene menos fuerza que el gua caribe, pero se han confundido muchas veces aunque tienen pronunciación y ortografía diferentes.