Giiiro.—El conejillo de Indias, en Puerto Rico. Viene á ser el corí de Cuba y Santo Domingo.

Giiira.—La jigüera. (Crescentia cujete). Arbol cuyo fruto se utiliza para hacer vasijas, cucharas, jatacas, orinales (ditas), etc. Don Joaquín Torres Asensio, que ha hecho una bella traducción de las Décadas del cronista Pedro Mártir de Anglería, en el t. 1°, pág. 185 (Fuentes históricas sobre Colón y América, Madrid. 1892) comete el error, en una nota, de confundir el giiira ó jigiiera con el cocotero, cuya palmera no existía en las Antillas en el período del Descubrimiento, aunque sí en el Continente americano en la banda del Sur.

Guajana.—La varilla de la caña silvestre, que dividida á lo largo sirve para hacer chiringas y volantines y también jaulas para ruiseñores y otros pajaritos, en Puerto Rico. En Cuba la llaman giiín.

Giiiro.—Planta rastrera, que produce un calabacín largo, que lleva el mismo nombre y se utiliza para hacer un instrumento musical, haciéndole en la cubierta, bien seca y libre de su endocarpio, unas rayitas profundas, paralelas, que rascándolas con una varilla de metal, ó madera dura, produce un sonido áspero, con el cual suelen acompañar las danzas, llevando el compás, en Puerto Rico. El nombre indígena de este instrumento era guajey.

Guiabara.—Dice Oviedo (lib. VIII, cap. VIII): “del árbol llamado guiabara, que los chrystianos llaman uvero.”

Gurabo.—Pueblo y río de Puerto Rico. Río de Santo Domingo, tributario del Yaque.

Guanime.—Bollitos de harina de maíz: hoy de plátanos.

Guarapo.—Vocablo de orígen quechú, huarapu.

H

El señor Bachiller y Morales (Ob. cit. p. 289) critica que los cronistas hayan escrito con h algunas palabras indias. Los españoles, al ponerse en contacto con los indo-antillanos, notaron que estos tenían cierta aspiración fonética en la pronunciación de algunos vocablos; y como los castellanos al tomar palabras árabes en su idioma con semejante aspiración la fijaron mediante una h, lo mismo hicieron con los vocablos indo-antillanos, que requerían tal anotación. El mismo Almirante lo observó con la palabra Guanahaní y estuvo perplejo en fijar la aspiración y puso en su célebre carta de Lisboa enviada á los Reyes, una y griega. Pedro Mártir (Déc. III, lib. VII, cap. IV) dice: “Digamos aquí algo de la aspiración, que es diferente que entre los latinos. Se ha de advertir, que entre los vocablos de ellos no hay ninguna aspiración que no tenga el valor de letra consonante. Más aún: pronuncian más fuerte la aspiración que nosotros la efe consonante, y todo lo que lleva aspiración se ha de pronunciar con el mismo aliento que la efe, mas sin aplicar el labio inferior á los dientes de arriba, pero con la boca abierta. Ha, he, hi, ho, hu, y dando golpes en el pecho. Veo que los hebreos y los árabes pronuncian del mismo modo sus aspiraciones.”