Arique.—Cordel hecho de una tira de yagua, utilizado para atar pequeños bultos.
Arimao.—Río que riega las vegas de Manicaragua, en Cuba.
Arijuna.—Extranjero.
Areyto.—Canción romancesca, acompañada del baile. Pedro Mártir (Déc. III. lib. VII. cap. II) dice: “ambas cosas de preceptos (origen y sucesión de las cosas y hazañas de sus padres) las tienen compuestas en ritmos, en su lengua; á su modo cantan los areytos y danzan al son del cantar. También tienen areytos de amores, y otros lastimeros, otros bélicos, con sus respectivas sonatas acomodadas.” Entre los populares de Haytí, según Guridi, había el areyto ijí, ayá, bongbé: primero, muerto que siervo. Si las dos primeras palabras llevan radicales indo-antillanos, la tercera parece africana. Creemos que esta canción pertenece á la época en que los negros empezaron á alzarse en La Española y á irse á los montes en son de rebeldía para sacudir la esclavitud. Del largo período de alzamiento del cacique Enriquillo en el Baoruco debería conservarse algún areyto guerrero; pero los cronistas no dicen nada sobre este particular. En la conjura de los caciques boriqueños, en Guaynía, se cantó un areyto, jurando y prediciendo la muerte de los invasores, antes del alzamiento de 1511, pero se ignora la letra y ritmo de este areyto.
Aruacas.—Nombre de tribus indias de Tierra-Firme. Nosotros opinamos, que los indo-antillanos procedían de los aruacas. Este vocablo procede de araguacu. Todavía se conserva enclavada en Venezuela la voz Aragua en muchos sitios.
Aruacay.—El primer pueblo de Aruacas, encontrado por los españoles en Tierra Firme.
Asuba.—La fruta silvestre del mamey sapote.
Atabex.—Las Casas (t. v. p. 434) dice: “La gente de la Isla Española...... mezclaron estos errores, de que Dios tenía madre, cuyo nombre era Atabex y un hermano suyo Guaca.”
Ateque.—Arbol de Cuba. (Cordia callococca).
Athebeane nequen.—Según Oviedo, llamaban así los haytianos, á la india que viva, se enterraba con el cadáver del cacique. Cuando murió Bojekio, régulo de Xaragua, en Haytí, la más hermosa de sus mujeres, llamada Guanajatabenekena, y dos compañeras más, fueron enterradas vivas con el cadáver del célebre cacique. Pedro Mártir (Déc. 3a. lib. IX. cap. II) escribe Guanahattabenechena, y añade “que en toda la isla no había otra tan hermosa.”