(En la cubierta.) Al Ill.e Sr. de Maridat, Primer Secretario del Condestable de Francia, Déc. 1601.

Bibl. Nac. de París, Fr., 3.652, fol. 123. Tal carta no acredita en ninguno de los conceptos la delicadeza del que la escribía, y, sin embargo, el más grosero de ellos está repetido en las que dió al público. De la Colección Ochoa, la 122, parte II, dirigida A un ministro del Rey, de los supremos, dice: «Ya que no tengo colmillos, me entretengo en asegurar el gusto de mi amigo; paradero de malas mujeres, dar en alcahuetas cuando mas no pueden.»

La 98, parte II, A un gentil hombre amigo, anuncia: «Vino Madama... Con la ocasion (que vale mucho no perderlas) pude entrar por la rotura del guante. No mas: hola, tiento; que ya se iba a arrojar la malicia a su centro; que no hay ocasion, por segura que parezca para el mas, que no sea peligrosa; y no quiero mas pleitos por princesas. Convida a nuestra señoría a comer mañana: en su nombre se lo escribo.»

Otra, la 14, parte II, A un gentil hombre veneciano, expresa:

«Suplico á V. Sria. se esfuerce a estar bueno para mañana, que le iré a tomar en el coche, y pues V. Sria. me ha hecho alcahuete de su negocio, sufra que lo sea del gusto de nuestro amigo, que debe querer regalarnos en su casa, adonde entiendo que concurren algunas damas á lo mismo; a lo menos nos llevaremos la recreacion de la vista y sacaremos la boca dulce de las salutaciones desta tierra, que si en Italia y en España saludan con, beso las manos, de palabra, acá con beso la boca, de obra; y V. Sria. sentirá qui vir sies, y yo quizá me menearé en el sepulcro deste ruin pellejo, donde vivo sepultado, y por ruin que es, y la fortuna mia, no queria salir dél tan presto. De paso diré á V. Sria. lo que se me ha ofrescido a la consideracion, de la causa de este modo de salutaciones, y porque no se use entre los nuestros; y no hallo otras, sino que la frialdad destas provincias ha menester mas fuego que el ordinario para moverse, y que el calor de mi tierra y otras tales no lo sufriria; antes seria ocasion de mil incendios y desconciertos; a lo menos, de que a pocas salutaciones se hallasen las damas sin labios, como el perro de Alcibiades, y sin lengua los hombres, en venganza.»

También repite en otras cartas los sustantivos que hoy parecen mal sonantes; al referir A un Consejero de Estado el cuento de la dama de Toledo (parte II, cartas 156 y 157), pone: «Llegó con ella hasta la puerta del jardin y despidiola con la puta vieja de la madre, que en todo este tiempo no hizo otro oficio que de estatua ó sombra de pintura de aquellas de Ticiano.» Pero la frase estaba, no sólo admitida por entonces, sino tenida por graciosa: díganlo los Diálogos de Villalobos y El Quijote. Respecto de la otra, bastará recordar el Enigma del guarda-infante, ó sea del alcahuete en la Academia burlesca del Buen Retiro.

XXVI.

† Ill.e S.r

Esta mañana fuy a ver al mi S.r El Condestable, no le pude hablar. Sup.co a V. m. me lo haga de saber si al leuantar a la mañana será buen hora, porq. tengo vn pecadillo q. confessarle, que confessores ay del Coraçon, como del Alma. Y no voy esta noche por no acostumbrar a tan ordinario regalo a mi estómago.

De V. m.—Ant. Perez.