stando la Excelencia del Duque de Medinaceli, Virrey de Sicilia y Capitán general de la empresa de Berbería, de día en día para embarcarse, habiendo ganado á los Gelves con grandísima reputación y en gran servicio de Dios y de Su Majestad Católica, y hechas todas las provisiones y expediciones necesarias para el fuerte y para la guardia dél, habiendo señalado 2.000 infantes escogidos entre italianos, franceses y españoles, y algunos alemanes, y por su Gobernador á Miguel de Barahona, el cual había sido Maestre de campo de un tercio de españoles, y queriendo Su Excelencia con el resto de los señores y capitanes y soldados irse á Sicilia para proveer las otras fuerzas más necesarias y de más importancia, y para tal efecto se había ya embarcado gran parte del ejército, y todavía se embarcaban, sino que, por desgracia y mala ventura, los soldados se revolvieron con los moros en el Zoco y hobieron una gran cuestión, la cual fué causa que la embarcación se suspendió por tres ó cuatro días, de lo cual Su Excelencia estaba con gran pesar; mas todo lo remedió con su prudencia é hizo que fuese adelante la dicha embarcación.

Á los 10 de mayo, á hora de Vísperas, llegó Fray Copones, inviado por el gran Maestre en una fragata con la nueva que la armada turquesca había estado en el Gozo, que pluguiera á Dios que tal nueva no llegara, que ciertamente fué causa de la perdición que sucedió al armada de los cristianos, que otramente, todos estaban seguros y firmes, y jamás acaeciera semejante desgracia; y según esta nueva, todos hacían cuenta que dentro de dos días á lo más largo la armada turquesca parecería, y así Su Excelencia hizo toda la diligencia posible para embarcarse aquella noche con todo el resto, y no fué posible hasta el día, porque los alemanes le daban gran pesadumbre y trabajo, que no estaban aún determinados de quedar en el fuerte, ni se habían podido acordar; y entendiendo ellos que Su Excelencia quería ir á hablar con el señor Juan Andrea Doria á las galeras, para dar la mejor expedición que acordasen, los sobredichos alemanes tomaron la palabra á Su Excelencia que sin ellos no se fuese, y fué fuerza que Su Excelencia se lo prometiese y la cumpliese después, cosa por cierto muy conviniente y de gran valor, que un Príncipe cumpla aquello que promete, mayormente no habiendo sospecha de contrario suceso; y así Su Excelencia se embarcó y fué á donde estaba el señor Joan Andrea Doria, dejando en tierra á Alvaro de Sande para que diese órdenes en las cosas que fuesen menester, el cual dicen que se echó en la cama á reposar.

Vuelto que fué Su Excelencia en tierra, poco antes del día, dió orden de aquello que se había de hacer, y entonces se tornó á embarcar en un esquife, él y D. Alvaro, para irse á la galera Condesa, del Príncipe, que para este efecto los esperaba, porque el señor Joan Andrea, Capitán general del armada imperial, se había hecho á lo largo para descubrir la mar, y había llevado consigo el resto de las galeras y enviado todos los esquifes á tierra para embarcar la infantería y otros señores del Consejo y Capitanes que habían quedado con Su Excelencia en la orilla.

Volviendo los dichos esquifes cargados de soldados y otras gentes, fué descubierta la armada turquesca, y como los mismos turcos dicen, con poca satisfacción y contentamiento de haber sido vista del armada de cristianos, y luego se pusieron á hacer consejo, con muestras de temor, para tomar mejor acuerdo, creyendo que la armada cristiana quisiese combatir, porque ellos no tenían orden del gran Turco de irla á buscar, sino de ir á darle socorro á Trípol, y dudando asimismo que las galeras de España estuviesen allí, de las cuales especialmente tenían gran miedo, y decían que, por estar en Micina las dichas galeras de España el año antes de la dicha impresa, las galeras turquescas no pasaron más adelante de la Belona, y así entonces estaban con esta sospecha, y en este medio no hacían otro que preguntar unos á otros si las dichas galeras estaban allí, y D. Juan de Mendoza, su General, con ellas. En este punto la armada de cristianos se levó con la mayor desorden que jamás se ha visto y se puso en huída, y se rompió ella misma de suyo.

Viendo el Bajá una cosa tan vergonzosa, hizo vela y comenzó á seguir la armada de cristianos, y toda la desbarató sin pelear, y Su Excelencia, que á esta sazón se hallaba en la mar con un esquife, con D. Alvaro de Sande, en que se iba á embarcar, viendo que la armada turquesca daba caza á la cristiana, con el mismo esquife se tornó en tierra, y así hicieron todos los otros señores capitanes y soldados que pudieron hacer lo semejante, cosa de gran compasión, de ver el señor Juan Andrea Doria embestido con su galera en tierra, la cual encalló, y todos fueron presos, y él se fué con su esquife al fuerte.

Parte de las otras galeras se perdieron por haber encallado; parte se retiraron cerca del fuerte, á un tiro de cañón. Estas fueron siete galeras y cuatro galeotas; del resto se perdieron de 28 hasta 30 galeras de cristianos, entre las cuales se perdió la Capitana de Sicilia, donde se halló D. Gastón de la Cerda, hijo segundo de Su Excelencia, y D. Berenguer de Requesens, Capitán general de las dichas galeras de Sicilia; D. Juan de Cardona, su yerno, y otros muchos gentiles-hombres de casa de Su Excelencia, y una señora dueña, la cual tenía cargo de tener cuenta del dicho D. Gastón, y por este efecto se hallaron en la dicha jornada sus personas y sus galeras y sus hijos.

Perdióse también la Capitana del Papa con su General, el señor Flaminio Ursino, el cual fué vendido por 150 cupros, que son tres escudos, estando herido. Murió de ahí á cuarenta días. Se perdieron asimismo la Capitana de Terranova y la Capitana de Monacho, todas, como Dios sabe, ruinmente, con gran número de Capitanes y de soldados y gentiles-hombres particulares.

La una parte de las galeras turquescas quedó cercana al fuerte, y las otras fueron siguiendo á las naos y galeras de cristianos que huían, y tomaron hasta ocho ó nueve naos. El galeón de Cigala peleó bien, y el Bajá con su galera y otras 17 le combatía, y á todas hizo tenerse á largo: lo semejante hicieron dos naos arragocesas que se defendieron valientemente. Las galeras de Malta, con las de Scipión de Oria y Cigala, se salvaron, y viendo los turcos que no las podían alcanzar, se tornaron á los Gelves á juntarse con su armada, y como arribaron, el Bajá hizo hacer grande alegría y salva, y tres días arreo hicieron lo mismo, dando gracias á Dios y á su Mahoma por haber alcanzado la victoria contra cristianos.

Después desta desgracia, habiendo estado Su Excelencia dos días en el fuerte y dado orden de lo que se había de hacer, fué muy apretado é importunado del Consejo, que continuamente le protestaba que se fuese á Sicilia á proveer lo que era necesario en tal coyuntura. Siendo Su Excelencia forzado hacer lo que era más conveniente al servicio de Su Majestad, se hubo de partir, hablando con los hombres de cargo muy amorosamente y esforzándoles con prometerles que procuraría con todas sus fuerzas de volver con socorro muy presto. Otro tanto hizo el señor Juan Andrea de Oria, y se embarcaron en 11 fragatas, con otros señores del Consejo y alguna otra gente particular, y se fueron de noche y pasaron junto al armada turquesca, con más peligro que aquéllos que quedaron en el fuerte. Llegaron á salvamento por la gracia de Dios.