Viendo D. Alvaro este gran desorden, hizo echar bando que cualquiera que matase uno destos que se iban al campo de los turcos, le diesen seis escudos, y así mataron algunos, y así no se huían tantos, y acaeció alguna vez que yendo á matar á los que se iban huyendo desta manera, los que iban tras ellos con sus armas para matallos, se huían también y se pasaban á los turcos, y había muchos que deseaban esta ocasión para huirse; y como los turcos vieron que los cristianos mataban aquéllos que se pasaban á su campo, en saliendo alguno, venían prestamente á defenderle, y al que tomaban á la hora le vendían, y ningún día había que entre día y noche que así de las galeras como del fuerte no se huyesen de 25 hasta 30 hombres, y destos, porque los turcos tenían relación cada hora de lo que se hacía de dentro del fuerte y en las galeras, y habían de mar y tierra aviso de todo, y la causa porque se huían era porque no les bastaba el agua que les daban, y porque era salada y les ponía más sed, y eran forzados de escoger este partido de irse con gran peligro de su vida á beber del agua de la gruta, la cual asimismo era salada, mas tan fresca, que con todo eso bebían hasta hartarse; mas pocos de éstos escapaban, y tenían por menos mal éstos ser captivos, que verse morir sin tener otro remedio, y no había día que por falta del agua de los enfermos y heridos no muriesen 25 ó 30 personas, y vinieron á comer los asnos y los caballos de una compañía que allí quedó, de la cual era capitán Bernardo de Quirós, y asimismo comieron los camellos que habían tomado á los moros, y una gallina se vendía por siete escudos, y no se hallaba, para los enfermos y heridos, y un cuartucho de agua de la cisterna se vendía, vez había, por medio escudo ó uno de oro.

Algunos soldados, en lugar de alquitaras, lambicaban el agua en los morriones y la vendían escondidamente por aquello que querían, porque la orden del Sr. D. Alvaro era que no se pudiese vender más de dos reales el cuartucho: será esta medida poco menos de cuartillo y medio de azumbre de Castilla.

Las medicinas para los enfermos y heridos estaban asimismo estragadas y corrompidas, así por el calor que allí hacía, como por ser viejas y haber venido por mar, y aquéllas que se habían de hacer de nuevo el agua salada las estragaba, y la tela y el lienzo con que se curaban los heridos se lavaba con esta agua, y por esta causa se morían, por poca herida que tuviesen, que no escapaba de ciento, uno, y habiendo de hacer pan fresco de la harina que tenían, era necesario hacerlo con la misma agua salada, y asimismo para guisar cualquiera cosa, así en potaje como de otra manera, y por esto lo pasaban muy mal, aunque tenían provisión de legumbres y arroz.

Los turcos tenían aviso ya de lo que padecían, y así por apretallos más, á los 8 de junio, al alba, el Bajá había mandado poner en orden todos los esquifes del armada y algunas fragatas armadas y barquillas con esmeriles y mosquetes y banderetas, con 2.500 turcos, y así vinieron á la vuelta de las galeras, y Dragut envió por tierra otros 4.000 turcos y moros, porque en aquella sazón menguaba el agua, y así dieron el combate á las galeras por un gran rato, sin poder llegar á ellas, porque estaban muy bien proveídas de soldados franceses, italianos y españoles, los cuales las defendieron muy valientemente, y mataron é hirieron más de 400 turcos, entre los cuales fueron muertos más de 25 á 30 capitanes de galeras y arraezes, como ellos se quejaban y decían públicamente.

Este día se halló en las dichas galeras por cabeza de los italianos el capitán Fantón, siciliano, bien entendido y valiente soldado; de los franceses el coronel Masa, caballero de la Orden de San Juan; de algunos españoles, el sargento del Capitán Orejón; y así viendo los turcos que allende del daño que les hacían de las galeras, que del fuerte también habían echado á fondo algunos esquifes llenos de turcos, y que ya los esmeriles y arcabuces de la muralla los mataban por través, acordaron de retirarse con gran pérdida.

Estando este ruido y hervor de combate, pareció en el fuerte una paloma blanca con algunas pintas, la cual, entre tanto que pasó el dicho combate, andaba volando alrededor del fuerte; y como los cristianos hobieron la victoria, se fué, que no la vieron más después, ni primero la habían visto, si no es aquel día. Los soldados, habiendo tenido ésta por buena señal, alababan á Dios y decían que les enviaba el Espíritu Santo, que les había traído la victoria, como en efecto fué gran milagro, y luego D. Alvaro de Sande hizo decir una misa cantada del Espíritu Santo con Te Deum laudamus, y todos los capitanes y soldados cobraron gran esfuerzo y más que antes tenían, y en este propio día se entendió que el Bajá se quería ir dejando la empresa, y así lo hicieran si no por Dragut, el cual con grandes ruegos y haciendo grande instancia se ofrecía de fenecella, diciendo que sin combate por mar ni por tierra ni perder un hombre más le quería dar el fuerte en las manos, porque de nuevo había entendido por muy cierto que en el fuerte no había más agua, como era verdad.

Pasado que fué esto, D. Alvaro hizo poner fuego á tres galeras de las que había en el canal, y la guardia que estaba en ellas la hizo venir al fuerte, porque tenía bien menester della, estando seguro que las cuatro galeras no serían más acometidas, porque eran bastantes para guardarse y tener el paso de la mar para que las fragatas que viniesen de Sicilia y Malta pudiesen venir y tornar, y que las galeras y otros bajeles de los enemigos no se pudiesen acercar al fuerte ni dalles nenguna pesadumbre. Las dichas cuatro galeras que quedaron estaban bien proveídas de soldados.

En el fuerte, en tanto estrecho y extrema necesidad de agua, determinó á los 29 de julio de salir fuera con todos los capitanes y soldados que estaban para poder pelear, é ir con ellos á dar la batalla al campo de los turcos y desbaratallos ó quedar allí muertos todos. Eran muy pocos los cristianos, que entre todos los que se hallaron para poder tomar armas, no llegaban á 800 soldados, y todos flacos y maltratados y consumidos de la hambre y sed y mal que padecían; los demás estaban heridos y enfermos, que serían 1.500 escasamente, y así, dejando en las dos baterías y en toda la otra muralla hasta 200 soldados, con el resto, dos horas antes del día, D. Alvaro, sin haber dicho palabra á los Capitanes, que quería hacer tal efecto de salir fuera, ni menos habiendo antes de eso querido comunicar cosa alguna con nadie ni consentido que ninguno viniese á decille su parecer, haciendo todas las cosas de su cabeza, sin tratallas con algunos, bien que los Capitanes y soldados pláticos entendían que se podía hacer de otra manera mejor que se hacía, y le dejaban hacer por la autoridad que tenía, siendo Coronel de toda la infantería española y Lugarteniente de Su Excelencia, y así cada uno estaba callado, que no osaba hacer otra cosa, y también le valió mucho para esto el crédito que en lo pasado había tenido de buen soldado, según todos dicen.

Esta vez salió fuera con muy mala orden, que al parecer de buenos soldados, por el caballero de Su Excelencia, que estaba todo batido y abierto, y muy cercano á la trinchera de los turcos, y por el caballero del señor Andrea Gonzaga, que asimismo estaba deshecho y derribado, podía salir Don Alvaro, haciendo dos partes de toda la gente, y en la una ir él, y dar otra á algunos buenos y pláticos Capitanes, los cuales tomasen la vanguardia, y salir todos juntos de golpe y á un tiempo, con orden y concierto de venirse á encontrar en medio del camino, donde había plaza para quedar los que salían en retaguardia, en escuadrón, y marchar los demás, pasando á cuchillo á todos cuantos turcos topase en estrecho, é ir en escuadrón con buen concierto, siguiendo la victoria, que la tenían desta manera, con la ayuda de Dios, muy segura y cierta, y así sucedía muy mejor de lo que fué; pero D. Alvaro dentro, y creyendo que fuese muerto ó preso, estaban muy confusos y alborotados, y algunos capitanes y gentiles-hombres particulares, desampar[ando] sus cuarteles y la muralla, se metían dentro del castillo con determinación de curarse y abestionarse dentro, y hacer sus partidos y conciertos para salvarse, teniendo ya por perdido el fuerte, no acordándose de lo que eran obligados hacer por su honra ni la salvación de sus compañías ni de los otros soldados que habían dejado fuera al cuchillo de los enemigos.

En este medio llegó nueva que D. Alvaro enviaba á tomar vestidos para mudarse y á que llevasen los remos y vela que estaban dentro el castillo de una fragata que era venida de Mesina pocos días había, con intención de irse en siendo de noche; y como se entendió esto, los capitanes y soldados comenzaron á alborotarse y á no consentir que le llevasen la vela y remos, y entre los otros D. Guillén Barbarán, caballero sardo, dió de cuchilladas á aquéllos que los llevaban, é hízoselos dejar.