Habiendo comprendido el Duque de Medinaceli la conveniencia de destruir ó tomar las dos galeotas que ahora estaban cerca del puente, en el fondo del caño, mal podían dejar de sentirla los generales de mar, sabedores de lo que fuera capaz de hacer con ellas Dragut; y no obstante, ni Juan Andrea Doria, bien que se hallara enfermo por entonces, ni Gasparín Doria, su Capitán de bandera, ni D. Sancho de Leyva, atendieron las reiteradas instancias del Capitán general de la empresa, desdeñando la operación de acometer con tan gran armada á dos embarcaciones, con menosprecio de la autoridad del jefe, y con carga de la responsabilidad que sobre ellos vino á caer por entero.

Fueron todas las galeras á dar fondo en la Roqueta, con prevención de Juan Andrea Doria de prepararse al aguada al amanecer el día 15 de febrero, y de desembarcar la tropa que había de proteger la operación. D. Álvaro de Sande la dirigió en persona, formando cuatro escuadrones de picas con mangas de arcabuceros; y aunque trataron de defender el desembarco unos 400 turcos escopeteros á caballo, apoyados por 300 moros á pie, y de cargar á los que llenaban los barriles, no lo consiguieron.

Tampoco á los nuestros fué posible tomar hombre vivo á los enemigos por la ventaja de la caballería con que se reparaban, aunque dieron con tal propósito algunas cargas á la carrera los arcabuceros, por lo que importaba tomar lengua. De haber sabido que Dragut se hallaba en aquel momento en la isla con poca gente, en hostilidad con la de los naturales y lo de las dos galeras, tomara otro sesgo la jornada.

Duraron las escaramuzas hasta el obscurecer. Concluída la operación del agua, que vino á costar algunos heridos, entre ellos Don Álvaro de Sande de arcabuzazo en la ijada y el Capitán Pedro de Aguayo en un brazo. Aquella noche, después del reembarco, marchó Uluch-Alí con las dos galeras á pedir socorro al gran Señor, y Dragut pasó por el puente á tierra firme, temeroso de que se lo cortaran.

No parece que ocurriera á nadie hacerlo: las galeras zarparon al amanecer del día 16, pasando á Seco del Palo en espera de las naves y aun de las galeras rezagadas, en número de ocho, á saber: las cuatro de Malta, dos de Mónaco y las patronas de Doria y de Sicilia. Cuando llegaron estas ocho á la Roqueta, echando gente á tierra para la aguada sin el orden debido, por competencia sobre quién había de hacer cabeza, los turcos, que vieron el desorden y las proas de las galeras á la mar, descuido inconcebible, por vengar los muertos de la escaramuza anterior, cargaron con furia, matando 150 españoles, comprendidos los Capitanes Alonso de Guzmán, Antonio Mercado, Adrián García, Pedro Venegas y Pedro Bermúdez[24].

Próximos al Seco de Palo estaban acampadas las tribus Mahamidas, enemigas de los turcos, y al llegar las galeras se pusieron en comunicación, informando al Duque de cuanto va aquí indicado, del paso de Dragut hacia Trípoli con 800 caballos y de la partida de Uluch-Alí con las galeras. Ofrecían su cooperación y la del Rey de Caraván, que por entonces estaba en el interior, pretendiendo fuera la armada cristiana á los Gelves y pusieran en posesión de ella á Mazaud, jeque elegido, expeliendo á los turcos, y que hecho esto podía pasarse á Trípoli, para cuya conquista todos ayudarían. Llevaban la voz en la proposición los principales de la isla.

En parlamentos, consejos y discusiones, pasaron quince días sin llegar á ningún acuerdo. Quién opinaba por la vuelta á Sicilia, visto que Trípoli se hallaba en defensa; quién proponía la ocupación de los Gelves, como empleo de la expedición y base para continuar lo de Trípoli en el otoño próximo, y quién sostenía se cumpliera el objeto del armamento, que había sido el ataque de Trípoli.

Durante las conferencias, á los efectos de la mala calidad de los víveres, se unían los del agua salobre de aquellos lugares y las emanaciones de los pantanos de Zuara, creciendo el número de los enfermos. Lo estaba Juan Andrea Doria y el Comisario de Florencia Pedro Machiaveli; habían fallecido Quirco Espínola, cuatro Caballeros de San Juan y más de 2.000 hombres; escaseaban las raciones por haberse perdido en los Querquenes en aquellos mismos días dos naves de provisiones, y en la propia costa de Trípoli la nao capitana nombrada La Imperial, por andar en malos tiempos en sitio de tantos bajíos.

El Duque encomendó separadamente á los jefes discurriesen lo que más convenía, citándolos á Consejo definitivo, que había de celebrarse en la galera Real. Al reunirse reconocieron unánimes la necesidad de la empresa de Trípoli, pues que para ella los había enviado S. M. Católica, juntando la armada; pero juzgáronla por de pronto irrealizable, conviniendo al fin en ir á los Gelves en espera de la gente y naos con que se había de reforzar la expedición. Quedaron por amigos los Mahamidas, recibiendo regalos, con oferta de guardar el paso de la puente á los turcos, y aun de formar un cuerpo de 400 caballos, pagados por los cristianos.

El 2 de marzo se trasladó la armada á las cercanías del cabo Valguarnera con mal tiempo, que estorbó el desembarco. Había de hacerse al Oeste del castillo unas seis millas, por ser el terreno á propósito y cercano á once pozos de agua dulce, aunque no muy buena, según las noticias de los confidentes, confirmadas en el reconocimiento que hicieron el Cómitre Real y el Maese de campo Miguel de Barahona.