—Os vais pues en la diligencia? —dijo —Creia que la costumbre era enviar á esos pobres en carretas?
—Esto Señora Mann es cuando están enfermos. Entonces les encajamos dentro de carretas descubiertas para impedir que los aires colados les costipen.
—Ah! esto es otra cosa!
—La Administracion de diligencias se encarga de esos por una biscoca. Ambos se hallan en muy triste estado, y calculamos que el cambiarlos nos costará dos libras esterlinas menos que enterrarlos; es decir, si logramos hacerlos recibir en otra parroquia, lo que creo no será dificil en caso de que el despecho no los mato en el camino... ah! ah! ah!
Despues que Mr. Bumble hubo reido á sus anchas, sus ojos se encontraron con el tricuspis y recobró su gravedad.
—Por vida de... hablando nos olvidamos de los asuntos. —dijo —Señora Mann aquí tenéis vuestro salario parroquial del mes.
Esto diciendo sacó de su cartera algunas monedas de plata envueltas en un papel y pidió un recibo que la Señora Mann se apresuró á escribir.
—Hay muchos garabatos —dijo esta —pero ya pasará. Muchas gracias Señor Bumble. Os estoy muy agradecida.
El pertiguero respondió á esta cortesia con una ligera inclinacion de cabeza y preguntó por la salud de los niños.
—Pobres angelitos! —contestó la vieja con emocion. —Están lo mejor posible, esceptuando los dos que se murieron la semana pasada y luego el pequeño Ricardo que anda alicaido.