—¿Cree usted que piensa en ello con frecuencia?
—Sí.
—¿Imagina usted?...
—¡Yo no imagino nunca!—exclamó la señorita Pross interrumpiendo a su interlocutor.—No tengo imaginación, ni me hace falta.
—Me corregiré... ¿Supone usted... llega hasta el punto de suponer algunas veces?
—De vez en cuando, sí.
—Pues bien, ¿supone usted que el doctor Manette abriga alguna sospecha... o certeza, que ha sobrevivido a sus miserias pasadas, acerca de la causa, de los motivos de su infortunio? ¿Supone usted tal vez, que hasta sospecha o conoce quien fué su opresor?
—Yo no supongo nada más que aquello que me dice la señorita.
—Y la señorita dice...