3.º Que reservase para sí una décima parte de todo el oro, la plata, las perlas y demás tesoros que adquiriese.

4.º Que él y su lugarteniente fuesen los únicos jueces, junto con el gran almirante de Castilla, en los asuntos comerciales del Nuevo Mundo.

5.º Que tendría el privilegio de contribuir con una octava parte a los gastos de cualquiera otra expedición que se enviase a las nuevas tierras, con derecho a percibir entonces una octava parte de los beneficios.

Es lástima que la conducta de Colón en España no estuviese libre de una doblez que redundaba en su descrédito. Entró al servicio de España el dia 20 de enero de 1486. El 5 de mayo de 1487, los reyes de España le dieron tres mil maravedises «por un servicio secreto hecho a Sus Majestades»; y durante el mismo año recibió ocho mil maravedises más. Y, no obstante, después de esto ofreció secretamente sus servicios al rey de Portugal, el cual en 1488 le escribió a Colón una carta ofreciéndole la libertad del reino, a cambio de las exploraciones que hiciese en favor de Portugal. Pero esto no se llevó a cabo.

Es más fácil que el lector tenga noticias respecto al viaje, aquel viaje, que duró unos cuantos meses, pero cuya realización le costó al valeroso genovés cerca de 20 años de desaliento y de oposición. Fueron esos años de incesante lucha para convertir al mundo a su insondable sapiencia, lo que mostró el carácter de Colón más claramente que todo lo que hizo después que el mundo creyó en él.

Habiéndose vencido por fin las dificultades de obtener el consentimiento y el permiso oficial, no quedaba otro obstáculo que el de organizar la expedición. Esto era un asunto serio: pocos estaban dispuestos a embarcarse en una empresa tan loca como aquella se reputaba. Finalmente, a falta de voluntarios, hubo que llevar una tripulación por orden de la Corona; y con su nao, la «Santa María» y sus dos carabelas, la «Niña» y la «Pinta», tripuladas por hombres renuentes, estuvo al fin listo para hacerse a la mar el descubridor de un mundo.


III