He ido esta tarde a pedirle un dibujo de bordado, que me hacía falta, y la he encontrado en un estado de irritación indescriptible.

—¡Maldito país! ¡Maldita gente!... Pueblo de chismes!

Por poco me tira de espaldas aquel huracán; pero como conozco a Francisca, tomé el partido de esperar que hubiese acabado su letanía de tontunas.

—¿Qué pasa?

—No me hables; estoy furiosa.

—Ya lo veo.

—Tengo una rabia...

—También eso es visible.

—Figúrate que la señorita Bonnetable acaba de venir a traer a mamá un gran chisme sobre mí...

—¡Ah!... Se puede saber...