— ¿Especias?

— Si así denominas esos productos, sí. Los he transportado antes y saben bastante bien. Se pueden obtener buenas ganancia con una sola carga, como la mayoría de los bienes cuyo valor depende menos de su utilidad que de su rareza.

— ¿Debo entender, pues, que una vez que hayas cargado aquí no te importa mucho hacia dónde ir?

— En efecto. Si no me equivoco, tu misión nos llevará cerca del Centro, lo cual está bien… Cuanto más al sur vayamos, mejores precios obtendré. Y la duración adicional del viaje no representará un peligro, pues tú nos ayudarás como conviniste.

— Exacto. Eso es excelente, aunque ojalá hubiéramos podido encontrar algo para ofrecerte en pago, así no tendrías que perder tiempo recogiendo especias.

— Bien, tenemos que comer. Tú dices que vuestros cuerpos y, por ende, vuestros alimentos, están hechos de sustancias muy diferentes, así que no podemos ingerir lo que vosotros coméis. Con franqueza, no se me ocurre ninguna materia prima que yo no pudiera conseguir fácilmente en la cantidad deseada. Mi idea favorita es la de obtener alguna de vuestras máquinas, pero dices que habría que construirlas de nuevo para que funcionaran en nuestro mundo. Creo que hemos llegado al mejor acuerdo posible, dadas las circunstancias.

— Así es. Incluso esta radio fue construida específicamente para esta tarea, y tú no podrías repararla… Tu gente, a menos que esté yo muy equivocado, no posee las herramientas necesarias. Sin embargo, durante el viaje hablaremos nuevamente de esto; quizá las cosas que ambos aprendamos abran nuevas y mejores posibilidades.

— Sin duda — respondió cortésmente Barlennan.

No mencionó, por cierto, la posibilidad de que sus propios planes tuvieran éxito. El Volador no los habría aprobado.

2 — EL VOLADOR