Cuando los legisladores, en vez de pertenecer á una clase apartada del pueblo y que le desdeña, pertenecen á clases diferentes que están cerca de él, que con él simpatizan, que conocen sus virtudes, que comprenden sus dolores, que tal vez le deben sus más ilustres hijos, la ley refleja esta diferencia. El hombre lleva sus sentimientos al santuario de las leyes, como los lleva á todas partes: allí influyen en su conducta; y cuanto sean más humanitarios, las leyes que formulen serán más beneficiosas para la humanidad.

En igualdad de todas las demás circunstancias, la ley será tanto más justa cuanto sea mayor el número de clases que contribuyen á formarla; por eso deben extenderse los derechos políticos hasta donde sea compatible con la ilustración. Si alguna vez nos parece hallar á esta regla excepciones, no es porque las tenga, sino porque acaso tomamos los problemas sociales por problemas políticos, desconocemos la influencia que aquéllos ejercen en éstos, y somos como el químico que atribuye á un cuerpo propiedades que no tiene, porque ignora que son dos los que contribuyen al fenómeno que pretende explicar.


CAPÍTULO IV.

¿ES LO MISMO IGUALDAD QUE DEMOCRACIA?

La igualdad entre los que no tienen ningún derecho y obedecen á la voluntad de uno solo ó á la ley que de él emana, es el gobierno despótico ó absoluto, no la democracia. La igualdad en el derecho político puede mirarse como sinónimo de democracia; cuando todos tienen los mismos derechos políticos, todos contribuyen igualmente á la formación de la ley, al menos en teoría, y democracia es lo mismo que igualdad.

Pero la igualdad política, la que más se debate, la que más se estudia, la que con más energía se reclama, es la menos importante, y si ha de ser algo más que una palabra vana, debe tener su raíz en la igualdad moral é intelectual. ¿Esta igualdad sigue la misma progresión que la igualdad política? ¿El pueblo está en el estado de cumplir los deberes que son consecuencia de los derechos que para él se piden? ¿No hay contradicción ninguna entre el estado social y el estado político á que tienden las sociedades modernas? La igualdad política, la democracia, ¿no tiene algún obstáculo más poderoso que las preocupaciones, los privilegios escritos y las bayonetas? Investiguémoslo.

Hemos dicho ya en la primera parte de este escrito que la igualdad intelectual de los hombres está en razón inversa de su civilización; hagamos algunas comparaciones para fijar más nuestras ideas sobre este importante asunto.

Suprimamos algunos siglos en el tiempo ó algunos centenares de leguas en el espacio. Allí están una piragua y un gran navío. ¿Qué diferencia notamos entre los tripulantes de la primera? Apenas son perceptibles; tal vez un poco más de vigor, de destreza..... en caso de necesidad aquellos hombres pueden suplirse mutuamente sin que sufra trastorno la dirección de la pequeña nave. Trasladémonos al navío: ¡qué distancia del grumete al piloto! El uno es una especie de máquina que por el resorte de la voz de mando sube ó baja, va á la derecha ó á la izquierda; el otro sabe las leyes del mundo físico, determina los movimientos de los astros; es una especie de encantador que á través de las tempestades y de las tinieblas traza un camino por la inmensidad de los mares, y le sigue sin vacilar y sin extraviarse. Probad, si os parece, á sustituir este hombre con el otro, y pronto veréis á la nave zozobrar entre escollos ó estrellarse contra las rocas.