PARTE PRIMERA.

De la igualdad considerada social y filosóficamente.

CAPÍTULO PRIMERO.

NOCIONES GENERALES.

La idea de igualdad supone la de diferencia: si no se hubiesen notado maneras de ser diferentes, no cabía afirmar que las hubiera iguales; no se diría que los hombres lo eran, sino comprendiendo que pueden dejar de serlo. Que los aficionados á los estudios psicológicos, que propenden á ver sucesivos fenómenos que tal vez son simultáneos, discutan si la noción de igualdad ha seguido ó precedido á la de diferencia; á nosotros nos basta hacer constar que si todos fueran, se sintieran y se supieran iguales, no se discutiría acerca de la igualdad, viviríamos sin afirmarla ni negarla, sin notarla; no habría idea de ella, como no existiría la de salud si no se hubieran visto vivientes enfermos ni se concibiera que pudiesen estarlo. Anterior, posterior ó simultánea, negación ó afirmación de semejanzas ó de diferencias, la igualdad y la desigualdad coexisten de tal manera, que no puede concebirse la una sin la otra, y que el estudio de cualquiera de ellas es el estudio de entrambas.

Si, pues, desde el primer momento que meditamos sobre la igualdad la vemos que coexiste con la desigualdad, y que no se concibe sin ella, la primera consecuencia que sacaremos es que entrambas existen necesariamente, que son indestructibles la una como la otra, y que ni el nivel ni el privilegio pueden ser un medio permanente de establecer la paz y la justicia, porque uno y otro prescinden de la naturaleza de las cosas. Los defensores del privilegio niegan las semejanzas, los niveladores las diferencias, sin ver que unas y otras se prueban en el hecho mismo de tener idea de igualdad y desigualdad. Sus grados, clase y resultados darán lugar á discusiones y dudas; pero que al menos quede fuera de ella que la igualdad y la desigualdad se suponen mutuamente, coexisten son un elemento necesario que se puede modificar, combinar de este ó del otro modo, pero no suprimir; y la razón nos pone á cubierto de los radicalismos que entienden arrancar de raíz los abusos ó los errores, cuando no hacen más que prescindir de lo que es esencial á la naturaleza humana.

La igualdad supone comparación, y la comparación cosas ó personas que han de ser comparadas. Ya se sabe que todo sér es idéntico á sí mismo; de modo que, cuando se dice igual, evidentemente hay que referirse á otro. Igualdad supone pluralidad de personas ó cosas que no se aislan, sino que, por el contrario, se aproximan para compararlas ó ser comparadas.

Un número de seres, una aproximación suficiente, una comparación de sus cualidades, son condiciones indispensables para decir ó negar que hay igualdad. Ésta supone, pues, colectividad que juzga y resuelve si algunos, muchos ó todos sus individuos han de equipararse. Por pocos que éstos sean, la igualdad es un fenómeno social, y por groseros que se los suponga, la igualdad está precedida de una comparación, de un juicio.