Flores de sangre y sol, en cuyos labios,
la pura esencia del amor se bebe...
IX
Mientras Nenúfar demostraba su sagacidad de hambriento solicitando los apetitosos favores de Rosita y cultivando los de Clara, más refinados y exquisitos, Gracián, que hacía las cosas en grande, se apoderaba, en el concurrido salón de Las Palmeras, de la admiración y el aplauso de todas las mujeres, derrochando sus artes y enamorándolas «por turno»...
Su apostura elegante, su continente varonil, su gracejo y su elocuencia le daban un indiscutible dominio en sociedad, donde jugaba con el propio prestigio como con una baraja, en temerarios alardes de buena fortuna, ganando siempre.
Al «mundo», á esa monstruosa entidad anónima que amedrenta á muchos hombres de talento positivo, le tenía Gracián deslumbrado con el brillo audaz de sus ojos, las vibrantes ondulaciones de su voz y el gallardo gesto de su persona. Y el terrible mundo, engañado como un niño, había tomado por admirable existencia la farsa seductora en que Gracián vivía. Mujeres fascinadas y hombres necios ó cándidos aseguraban que Gracián era un gran artista, un negociante genial, «un águila y un ruiseñor»; como decía Nenúfar, un superhombre...
Debajo de la estupenda fábula sólo había un perfecto comediante, un salteador de buenos caminos, disfrazado con arte de imaginarias virtudes. Cierto día apareció en la corte con aires de fortuna y distinción, diciendo que venía de París, en cuya Universidad había estudiado varias facultades. Como parecía rico y era guapo, y se decía «de buena familia», fué admitido en muy selectos círculos, logrando la amistad de personas influyentes. Tomóle bajo su protección la marquesa de Coronado, con harto detrimento de la honra y los dineros del marqués, y aquel mozo de origen oscuro subió como la espuma.
Graves disgustos costó á la de Coronado su flaqueza. Gracián no era lo que parecía. Hombre sin escrúpulos, dominante y codicioso, frío de corazón como la nieve, sólo atendía á su propio medro y á la satisfacción de su naturaleza inconstante y caprichosa.