Eva, despechada, conteníase á duras penas...; ¿iban á ser también para la «niña romántica» los obsequios de Villamor?...

Sin duda le nacieron inquietas alas á esta pregunta insidiosa, porque voló á lo largo del salón, posándose en los oídos de las señoritas veraneantes, y la alarma de esta sospecha llegó hasta la dueña de la casa que había puesto los ojos en Diego con la secreta intención de fraguar un desquite...

Por cierto que los ardientes ojos de la marquesa parecía que habían llorado...

Rosa, la doncellita gentil, le contó á Nenúfar aquella tarde que el señorito Gracián había discutido acaloradamente con la señora marquesa en un escondido rincón del parque...


XI

—Sé que es usted un gran poeta... y un hombre excesivamente modesto—decía Gracián, clavando sus ojos de águila en los tímidos ojos de Villamor.

Bajo la cruda sugestión de aquella mirada vaciló el poeta, respondiendo con voz insegura:

—Muchas gracias..., usted me favorece demasiado.