LUISA

Y yo lo mismo. (Vacilando.) ¿Tendrás miedo esta noche?

MARCELA

Para la soledad no soy medrosa.

ANTONIO

(A su mujer.) Puedes quedarte con ella.

LUISA

Eso estaba cavilando.

MARCELA

No. (Ante el ademán insistente de LUISA.) No he de ceder. Que mañana madrugues, eso sí. (Los pastores han recogido sus cayados y aguardan en el corral.) (LUISA se pone el mantón.)