¡Dilo pronto, Andrés!

ANDRÉS

¡Que le roían la tristeza y la enfermedad y no pudo resistir como el otro!... Fuí tirando por ellos monte arriba igual que un orate, pensando acertar con la cabaña. Puse en los hombros a Jesús y llevé de la mano a Serafín no sé qué tiempo... Era todo el aire una pura cellisca y la tormenta rodaba con tronidos y relámpagos.

MANUEL

¡Pues no bregaste tú poco!

ELÍAS

Sí; que empezó a tronar a media tarde.

ANDRÉS

¡Y a escampar también!

ELÍAS