J. San Germán Ocaña.
De "El Sol":
Nosotros tenemos que recibir complacidos siempre cualquier ensayo escénico de los novelistas, seguros de que han de llevar a la dramática, con la sinceridad de sus análisis, graves preocupaciones de lenguaje y de estilo. En este último aspecto, principalmente, tiene un innegable valor la aparición ante la batería de una obra de Concha Espina, la interesante autora montañesa.
La sugestión innegable de esa fábula tiene aún menor importancia que la pintura del ambiente. La Sra. Espina ha llevado al teatro todo el color y todo el encanto descriptivo de la novela. Y, atenta al paso que daba, cuidó de conceder a los episodios una sobriedad plausible, que los hacía resaltar vivamente. El diálogo sostenía, en tanto, sus prestancias, y los actos se deslizaban bajo un innegable encanto literario.
El público aplaudió los tres actos del drama, reclamando en todos la presencia de la autora. Josefina Morer exteriorizó una vez más su alto temperamento dramático en la interpretación de Marcela. Y fué secundada con acierto por la Sra. Siria, y por los Sres. Hernández y Vega, especialmente.
De "La Vanguardia", de Barcelona:
Otra producción no sólo interesante por sí misma, sino reveladora de aptitudes dramáticas ciertas ha sido El Jayón, primer trabajo escénico de la insigne novelista Concha Espina. Se trata de una bella narración publicada ya y adaptada perspicazmente al teatro por su autora. El público percibía con claridad los dos elementos indispensables: el ambiente montañés que envuelve el episodio, y la curiosa experimentación del amor maternal que se intenta realizar. Así la potencialidad de la fábula destacaba sus vigores y la emoción surgía eficazmente. El dolor de aquella madre que en lejano día señalara al hijo legítimo como espurio, como hallado, como el jayón, avergonzado del raquitismo y de la fealdad del niño, adquiere una alta significación en el momento de perecer el muchacho víctima de un accidente fortuito. El verdadero jayón, el muchacho sano y hermoso se salva. Quien perece es el muchacho aquel que todos creían no era el de la triste. Ved por lo apuntado cómo en el drama de la Sra. Espina asoma mejor que una Fatalidad ciega o una Fatalidad hecha de determinismos, una decisiva acción providencial, pronta a ejercer sus justicias inexorables. La sencillez de los personajes que conocemos, el tono misterioso, recogido y apacible de la obra y la necesidad que tienen aquellos campesinos humildes del amparo constante de lo alto, concluyen de establecer las condiciones especiales de El Jayón. Y todo esto forma un conjunto organizado cuyas finalidades idealistas arriban sin mengua de la realidad viva y palpitante. Prueba, además, que la insigne autora de La Esfinge Maragata y de La Rosa de los Vientos puede caminar por la escena. Y a la par afirmaba, con el ejemplo ante nosotros, que no son tan insondables como se cree los abismos separadores de la novela y de la dramática.
José Alsina.