En El Jayón, a través de una trama simplicísima y de gran fuerza patética, Concha Espina exalta con toda la vehemencia de su corazón femenino, dotado de una gran sensibilidad, el sentimiento de la maternidad, que es eje y esencia del drama.

No queremos hurtar a nuestros lectores el interés que en ellos ha de despertar el argumento del drama. Por eso, contrariando nuestros deseos, nos abstenemos de relatar las incidencias del asunto.

Hay en esta primera obra de Concha Espina verdaderos alardes de sagacidad psicológica, que delatan un gran temperamento dramático en la ilustre escritora. La acción de la obra se desarrolla en la montaña santanderina, y los personajes, a pesar de su rusticidad, se expresan con la sobria elegancia de lenguaje que es característica en aquella comarca castellana. Sorprenden en El Jayón, la fluidez y naturalidad del diálogo y la elevación literaria de los giros, por cuyo extremoso celo merece sinceros plácemes esta ilustre autora.

El interés del drama no desmaya un solo instante. La obsesión amarga de que están embargados los personajes de la obra se transmite al público, poniendo en tensión sus nervios en espera del desenlace. Y éste sobreviene, sencillo, noble y patético, coronando con los rigores de la adversidad definitiva la gama de torturas en que han venido consumiéndose las almas.

El público rindió pródigos homenajes a Concha Espina, la cual hubo de salir a escena al final de cada jornada, requerida por los insistentes aplausos.

Josefina Morer, en la protagonista de la obra, puso de relieve sus grandes aptitudes para los papeles dramáticos. La bella y gentil actriz, que es todavía una niña, si, como es de esperar, persevera en el estudio, será muy pronto una de las figuras culminantes de nuestra escena.

Asimismo merecen un sincero aplauso el Sr. Hernández, que cada día añade mayores perfecciones a su arte, y la Sra. Siria, siempre ajustada y excelente actriz.

Alberto Marín Alcalde.

De "El Universo":

Las delicadezas del estilo de Concha Espina no son nuevas para nuestros lectores.