LUISA

(Con asombro.) ¿Qué dices?

MARCELA

(Evadiéndose.) Nada, nada... Te estoy entreteniendo... Iré a buscarte el delantal. (Entra en la casa.)

LUISA

(Suspirante.) Pues, señor, esta moza se consume: ¡tan guapa, tan buena!... Y la otra lo mismo... Todo por un hombre; ¡no tenemos remedio las mujeres!... Voy a ver a este crío infeliz. (Se acerca a la cuna de Jesús.) ¡Ay, qué ojos luce más implorantes!

MARCELA

(Saliendo con el delantal en la mano.) Estará despierto ¿verdad? Se pasa horas enteras con los ojos abiertos, sin moverse, sin quejarse: parece que escucha, que discurre y cavila... (Entrega la prenda a LUISA.) Toma.

LUISA

Tú sí que cavilas, mujer.