Bueno: pues no lo dices y en paz.

MARCELA

(Pasándose las manos por la frente.) ¡Dios mío! (Para esconder su pensamiento se levanta y vuelve a escrudiñar los horizontes.) Cunde la nieve; se rasan las veredas... todas las lejuras parecen una sola mortaja... (LUISA se asoma también a mirar.) Oye, oye los frémitos del aire, los clamores del agua en el fondo de la hoz...

LUISA

(Le interrumpe.) Sí, Marcela, sí; ya veo, ya oigo... Cuando hay un temporal aquí, en el mes de febrero, suele suceder que cae la nieve; que la tierra parece mismamente una difunta; que el viento muge igual que un toro; que el río se pone ronco de dar voces...

MARCELA

Tú lo dices así porque no tienes un hijo en medio de la borrasca.

LUISA

¡Mujer, ni tú tampoco! El tu muchacho, valiente y robusto, que salta y brinca lo mismo que un rebeco, está con su padre en la cabaña; no en medio de la sierra...