LUISA
¡Dabas un ejemplo tan noble!
MARCELA
Sí; ¡mintiendo...! Andrés me mira como a las efigies de los santos... (Con infinita amargura.) sin conseguir «olvidarla»... Por bien agradecido huye de Irene y quisiera tratar al hijo sano con todas las finuras, creyendo que me premia... A veces le registra los ojos con afán... (Clavando mucho la mirada.) así... así... como un loco... Es que los tiene lo mismo que su madre, verdes, tristes, pungidos de penas y de brasas... ¿te has fijado?
LUISA
En que son muy hermosos; pero en la semejanza no... ¡Cómo se me iba a ocurrir...!
MARCELA
Pues el padre los teme y los busca sin saber por qué... Debe pensar que engendró en mí un hijo lleno de la pasión de la otra, dueño de aquellos ojos y de aquella mirada... En tanto se me oculta para consolar al enfermo imaginando que es el de «ella» y que me duele ese cariño.
LUISA