Acaso, lector, preferirías que te contase historias más felices, invenciones alegres, soleados romances de un dichoso país, donde las flores no se marchitan nunca. Mas ya dije que cuento vidas de mujer...
¿Qué culpa tengo yo si la realidades amarga, si hasta la imaginación, lo mismo que el sentimiento, suelen padecer melancolía?
Pero si estas novelucas te parecen demasiado tristes, si te conmueven hasta hacerte sufrir, piensa, al cerrar el libro, que no son ciertas, que fueron soñadas. ¿No dicen (y dicen bien) que la vida es sueño? ¿No son tristes todos los sueños al despertar?
Las cosas del mundo, para quien tiene piedad, son harto melancólicas. La vida, para quien sabe de dolor, es algo a la vez hermoso y duro, pálido y sugerente, como el marfil de las ruecas con que las hadas tejen nuestros sueños, hilan nuestras vidas y urden, al cabo, nuestras mortajas.
NAVES EN EL MAR
I
EL FIORDO ANDINO
Habíamos llegado al Estrecho de Magallanes, y el Orcana se atrevía, lento, sobre las aguas misteriosas...