Destronamiento
de la casa
de Nápoles.
Desposeído por entonces de su reino Fernando IV de Nápoles, hermano de Carlos de España, había la corte de Madrid rehusado durante cierto tiempo asentir a aquel acto y reconocer al nuevo soberano José Bonaparte. Por natural y justa que fuese esta resistencia, sobremanera desazonó al emperador de los franceses, quien hubiera sin tardanza dado quizá señales de su enojo, si otros cuidados no hubiesen fijado su mente y contenido los ímpetus de su ira.
En efecto la paz ajustada con Austria estaba todavía lejos de extenderse a Rusia, y el gabinete prusiano, de equívoca e incierta conducta, desasosegaba el suspicaz ánimo de Napoleón. Si tales motivos eran obstáculo para que este se ocupase en cosas de España, lo fueron también por extremo opuesto las esperanzas de una pacificación general, nacidas de resultas de la muerte de Pitt. Tratos de paz
con Inglaterra. Constantemente había Napoleón achacado a aquel ministro, finado en enero de 1806, la continuación de la guerra, y como la paz era el deseo de todos hasta en Francia, forzoso le fue a su jefe no atropellar opinión tan acreditada, cuando había cesado el alegado pretexto, y entrado a componer el gabinete inglés Mr. Fox y Lord Grenville con los de su partido.
Juzgábase que ambos ministros, sobre todo el primero, se inclinaban a la paz, y se aumentó la confianza al ver que después de su nombramiento se había entablado entre los gobiernos de Inglaterra y Francia activa correspondencia. Dio principio a ella Fox valiéndose de un incidente que favorecía su deseo. Las negociaciones duraron meses, y aun estuvieron en París como plenipotenciarios los Lores Yarmouth y Lauderdale. Dificultoso era en aquella sazón un acomodamiento a gusto de ambas partes. Napoleón en los tratos mostró poco miramiento respecto de España, pues entre las varias proposiciones hizo la de entregar la isla de Puerto Rico a los ingleses, y las Baleares a Fernando IV de Nápoles, en cambio de la isla de Sicilia que el último cedería a José Bonaparte.
Correspondió el remate a semejantes propuestas, a las que se agregaba el irse colocando la familia de Bonaparte en reinos y estados, como también el establecimiento de la nueva y famosa confederación del Rin. Rómpense estas
negociaciones. Rompiéronse pues las negociaciones, anunciando Napoleón como principal razón la enfermedad de Fox y su muerte acaecida en setiembre de 1806. También otras
con Rusia. Por el mismo término caminaron las entabladas también con Rusia, habiendo desaprobado públicamente el emperador Alejandro el tratado que a su nombre había en París concluido su plenipotenciario Mr. d’Oubril.
Aun en el tiempo en que andaban las pláticas de paz, dudosos todos y aun quizá poco afectos a su conclusión, Preparativos
de guerra. se preparaban a la prosecución de la guerra. Rusia y Prusia ligábanse en secreto, y querían que otros estados se uniesen a su causa. Napoleón tampoco se descuidaba, y aunque resentido por lo de Nápoles con el gabinete de España, disimulaba su mal ánimo, procurando sacar de la ciega sumisión de este aliado cuantas ventajas pudiese.
Tropas
españolas que
van a Toscana.
De pronto, y al comenzar el año de 1806, pidió que tropas españolas pasasen a Toscana a reemplazar las francesas que la guarnecían. Con eso lisonjeando a las dos cortes, a la de Florencia porque consideraba como suya la guardia de españoles, y a la de Madrid por ser aquel paso muestra de confianza, conseguía Napoleón tener libre más gente, y al mismo tiempo acostumbraba al gobierno de España a que insensiblemente se desprendiese de sus soldados. Accedió el último a la demanda, y en principios de marzo entraron en Florencia de 4 a 5000 españoles mandados por el teniente general Don Gonzalo Ofárril.
Izquierdo:
dinero que da
a Napoleón.
Como Napoleón necesitaba igualmente otro linaje de auxilios, volvió la vista para alcanzarlos a los agentes españoles residentes en París. Descollaba entre todos Don Eugenio Izquierdo, hombre sagaz, travieso y de amaño, a cuyo buen desempeño estaban encomendados los asuntos peculiares de Don Manuel Godoy, príncipe de la Paz, disfrazados bajo la capa de otras comisiones. En vano hasta entonces se había desvivido dicho encargado por sondear respecto de su valedor los pensamientos del Emperador de los franceses. Nunca había tenido otra respuesta sino promesas y palabras vagas. Mas llegó mayo de 1806, y creciendo los apuros del gobierno francés para hacer frente a los inmensos gastos que ocasionaban los preparativos de guerra, reparó este en Izquierdo, y le indicó que la suerte del príncipe de la Paz merecería la particular atención de Napoleón, si se le acudía con socorros pecuniarios. Gozoso Izquierdo y lleno de satisfacción, brevemente y sin estar para ello autorizado, aprontó 24 millones de francos [*](* Ap. n. [1-1].) pertenecientes a la caja de consolidación de Madrid, según convenio que firmó el 10 de mayo. Aprobó el de la Paz la conducta de su agente, y contando ya con ser ensalzado a más eminente puesto en trueque del servicio concedido, hizo que en nombre de Carlos IV se confiriesen en 26 del mismo mayo [*](* Ap. n. [1-2].) a dicho Izquierdo plenos poderes para que ajustase y concluyese un tratado.