El rey y yo lo hicimos prender sin permitirle comunicación, y permanecerá preso hasta que se averigüe la verdad de todo lo que hay en este asunto; pues creemos que sea un emisario de los ingleses para perdernos, supuesto que el rey y el príncipe de la Paz siempre han sido únicamente amigos de los franceses, del emperador y en particular del gran duque sin haberlo sido jamás de los ingleses nuestros enemigos naturales.

Creemos también por muy necesario que el gran duque haga asegurar al pobre príncipe de la Paz que siempre ha sido y es amigo del gran duque, de quien así (como del emperador) esperaba su asilo en la forma que lo tenía escrito por medio de Izquierdo al mismo gran duque, y aun al emperador mismo, bien que no sé si estas cartas habrán llegado a sus manos.

Convendría sacar de las manos de los guardias de Corps y de las tropas de mi hijo al pobre príncipe de la Paz su amigo, pues es de recelar que se le quite la vida o se le envenene y se diga que ha muerto de sus heridas, y por cuanto no tendrá seguridad de vivir; mientras estén a su lado algunos de estos malignos, será forzoso que el gran duque después de asegurar la persona del príncipe de la Paz en su poder, tome medidas bien fuertes para conservarle, pues las intrigas cada día crecen contra ese pobre amigo del gran duque y aun contra el rey mi marido, cuya vida tampoco está bastante segura.

Mi hijo hizo llamar al hijo de Biergol, que es oficial de la secretaría de relaciones exteriores. Estuvieron presentes a la sesión Infantado y todos los ministros. Mi hijo le preguntó qué había de nuevo en el sitio, y qué hacía el rey mi marido: Biergol respondió lo que había de verdad diciendo: «no hay nada de nuevo: el rey sale muy poco: la reina no ha salido: se ocupan en preparar una habitación para el caso de que el gran duque y el emperador vayan allí.» Mi hijo le dio orden de volver aquí y de estar al servicio de su padre hasta que este emprenda su viaje, porque es uno que interviene en nuestras cuentas como tesorero. A todos los que nos siguen aplican el título de desertores. Yo recelo que traman alguna grande intriga contra nosotros y que estamos en grande riesgo, porque Infantado y los otros son tan malos y peores que los demás. Me persuado que el rey, y yo y el pobre príncipe de la Paz estamos muy expuestos, porque no manifiestan sino mala voluntad contra nosotros, y nuestra vida no está segura si no lo remedian el gran duque y el emperador. Es necesario que tomen algunas medidas para contener las abominables intenciones de estos malignos, y para que mi hijo se canse de dedicarse a pensar todo lo que sea contra su padre y contra el príncipe de la Paz. Nosotros hemos tenido esta noticia después que salió de aquí el edecán. El clérigo Escóiquiz es también de los más malos. — Luisa.»

Carta del rey Carlos IV al gran duque de Berg con otra de la reina su esposa en Aranjuez a 1.º de abril de 1808.

«Mi señor y muy querido hermano: V. A. verá por el escrito adjunto que nosotros nos interesamos en la vida del príncipe de la Paz más que en la nuestra.

Todo lo que se dice en la gaceta extraordinaria sobre el proceso del Escorial ha sido compuesto a gusto de los que lo publican, sin decir nada de la declaración que mi hijo hizo espontáneamente, la cual habrán mudado sin duda: ella está escrita por un gentil-hombre, y firmada solamente por mi hijo. Si V. A. no hace esfuerzos para que el proceso se suspenda hasta la venida del emperador, temo mucho que quiten antes la vida al príncipe de la Paz. Nosotros contamos con el afecto de V. A. para nosotros tres, fundados en la alianza y amistad con el emperador. Espero que V. A. me dará una respuesta consolatoria que me tranquilice, y comunicará al emperador esta carta mía con expresión de que yo descanso en su amistad y generosidad. Excusadme lo mal escrita que va esta carta, pues los dolores que padezco son la causa. En este supuesto, mi señor y muy querido hermano, de V. A. I. y R. soy su muy afecto. — Carlos.»

Carta de la reina.

«Señor mi hermano: yo junto mis sentimientos a los del rey mi marido, rogando a V. A. la bondad de hacer lo que le pedimos ahora; y esperamos que su amistad y humanidad tomará a su cargo la buena causa de su íntimo y desgraciado amigo el pobre príncipe de la Paz, así como nuestra propia causa que está unida a la suya, para que así cese y se suspenda todo hasta que la generosidad y grandeza de alma sin igual del emperador nos salve a todos tres y haga que acabemos nuestros días tranquilamente y en reposo. No espero menos del emperador y de V. A. que nos concederá esta gracia, pues es la única que deseamos. En este supuesto, ruego a Dios que tenga a V. A. en su santa y digna guarda. Señor mi hermano: de V. A. I. y R. muy afecta hermana y amiga. — Luisa.»

Nota de la reina de España para el gran duque de Berg, remitida por medio de la reina de Etruria en 1.º de abril de 1808.