—¿Qué aguardáis?—interrogó furioso.—¡Si esto es lo que más me oprime!
El ayuda de cámara, tartamudeando, se disculpó. ¿No se acordaba el señor duque? Su coraza, por faltarla el hebillaje y correas, estaba soldada á fuego.
—¡A fuego! ¡Es verdad! ¡Maldita sea! ¡Volando!... ¡El armero!... ¡Ya estáis aquí con él!
Nuevas excusas. Confusión. ¡El armero! Si el señor duque lo deseaba irían... pero inútil buscar á nadie, á la una de la noche del Domingo de Carnaval. Hasta la mañana siguiente...
Ante una orden á rajatabla salieron á caza del armero, con la convicción de no encontrarle, y quedóse el duque embutido en la coraza, echado sobre la cama, sin poderse revolver, ni resollar. La opresión de su pecho, la sensación de asfixia, eran ya tormento insufrible. Y pasaban las horas de la noche con cruel lentitud, y comprimía sus pulmones, hasta ahogarle, una mano de plomo. ¡Armadura odiosa! ¡Cuánto daría el descendiente de los paladines por verse libre de ella, por tenerla colgada en la pared, en panoplia decorativa, luciendo sus labores riquísimas, sus figuras paganas del más puro Renacimiento! ¡En la pared, sí; en el pecho, no! ¿Qué sugestión diabólica había sido aquella? Incrustarse en el molde de otros siglos... ¡y no poder salir! Sentir sobre un costillaje débil, sobre un corazón sin energía, la cáscara del heroísmo antiguo... ¡y no romperla! ¡Prisionero en una armadura! El golpe de sus arterias remedaba el trotar de bridones; el zumbido de la sangre era el fragor de la batalla...
—Así verás que no es tan fácil disfrazarse de abuelo de sí mismo—dijo soltando la carcajada Perico Gonzalvo, que, según costumbre, subió á casa de su amigo al retirarse del baile, y penetró en la alcoba de Lanzafuerte tocando una trompeta de cotillón, toda guarnecida de cascabelitos dorados. ¿Parecerse á la gente de entonces? ¡Hombre! Ni en guasa...
Y como Lanzafuerte gimiese medio muerto (ya ni respirar podía), añadió el gomoso:
—¿Sabes qué me ocurre? España está como tú... metida en los moldes del pasado, y muriéndose porque ni cabe en ellos ni los puede soltar... Bonito simbolismo, ¿eh? Vaya, voy en persona á traerte alguien que te libre de ese embeleco... Porque ¡si esperas á los criados!...