—Y a las casas de los ricos... y....
—¡Asús!, ¡fuego, mujer!
—Y afusil... y afusil... ar....
—¿Afusilar... a quién, mujer, a quién?
—A... a los prisioneros, y al arzobispo, y a los cur....
—¡Infames!
—¡Tigres!
—¡Calla, calla, que parece que la sangre se me cuajó toda!... ¿Y quién hizo eso? ¡Pues vaya unas barbaridás que cuentas!
—Si yo no las cuento para decir que... que esté bien hecho eso de... de prender fuego y afusilar.... ¡No, caramba!, ¡no me entendéis, no os da la gana de entenderme! Lo que digo es que... hay que tener hígados, y no dejarse sobar ni que le echen a uno el yugo al cuello sin defenderse.... Lo que digo es, que cuando no le dan a uno por bien lo suyo, lo muy suyo, lo que tiene ganado y reganado.... Cuando no se lo dan, si uno no es tonto... lo pide... y si se lo niegan... lo coge.
—Eso, clarito.