[-XXXVIII-]

¡Por fin llegó!

Amparo descansa abismada en el reposo inefable de las primeras horas. Sin embargo, a medida que la luz de la pálida mañana entra por el ventanillo, vuélvele la memoria y la conciencia de sí misma. Llama a Chinto ceceándolo.

—¿Qué quieres, mujer?

—Vas a ir corriendo al cuartel de infantería.... Parece que ahora no sale la tropa de los cuarteles.

—Bueno.

—Si no está allí don Baltasar, a su casa.... ¿La sabes?

—La sé. ¿Qué le digo?

—Le dirás... ¡veremos cómo sabes dar el recado! Le dirás que tengo un niño... ¿oyes? No vayas a equivocarte....

—Bueno, un niño....