—Yo me reía. ¿Para qué necesitaba casarme? Tenía a papá y a Gabriel con quien vivir siempre. Si ellos se me morían, podía entrar en un convento: el de las Carmelitas, en que está la tía Dolores, me gustaba mucho. En fin, no he tenido culpa ninguna del disgusto de Rita. Cuando papá me enteró de las intenciones del primo, le dije que no quería sacarle el novio a mi hermana, y entonces papá... me besuqueó mucho en los carrillos, como cuando era pequeña, y... me parece que le estoy oyendo... me respondió así: «Rita es una tonta..., cállate». Pero por mucho que diga papá.... ¡al primo le seguía gustando más Rita!...
Continuó después de algunos segundos de silencio:
—Ya ve usted que no tenía mucho por qué envidiarme mi hermana.... ¡Cuánta hiel he tragado, Julián! Cuando lo pienso se me pone un nudo aquí....
El capellán pudo al fin expresar parte de sus sentimientos.
—No me extraña que se le ponga ese nudo.... Soy yo y lo tengo también.... Día y noche estoy cavilando en sus males, señorita.... Cuando vi aquella señal.... La lastimadura en la muñeca....
Por primera vez durante la conversación se encendió el descolorido rostro de Nucha, y sus ojos se velaron, cubriéndolos la caída de las pestañas. No respondió directamente.
—Mire usted—murmuró con asomos de amarga sonrisa—que siempre me suceden a mí desgracias por cosas de que no tengo la culpa.... Pedro se empeñaba en que yo le reclamase a papá la legítima de mamá, porque papá le negó un dinero que le hacía falta para las elecciones. También se disgustó mucho porque la tía Marcelina, que pensaba instituirme heredera, creo que va a dejarle a Rita los bienes.... Yo no tengo que ver con nada de eso.... ¿Por qué me matan? Ya sé que soy pobre: no hay necesidad de repetírmelo.... En fin, esto es lo de menos.... Me dolió bastante más el que mi marido me dijese que por mí se ve sin sucesión la casa de Moscoso.... ¡Sin sucesión! ¿Y mi niña? ¡Angelito de mis entrañas!
Lloraba la infeliz señora, lentamente, sin sollozar. Sus párpados tenían ya el matiz rojizo que dan los pintores a los de las Dolorosas.
—Lo mío—añadió—no me importa. Lo mío lo aguantaría hasta el último instante. Que me... traten de un modo... o de otro, que... que la criada... sea... ocupe mi sitio... bien..., bien, paciencia, sería cuestión de tener paciencia, de sufrir, de dejarse morir.... Pero está de por medio la niña..., hay otro niño, otro hijo, un bastardo.... La niña estorba.... ¡La matarán!...
Repitió solemnemente y muy despacio: